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OPINIÓN

Cara a cara

Pedro Rivero Jordán 27/5/2020 03:00

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Rheinsberg es una pequeña ciudad al este de Alemania. El mismo nombre recibe allí un castillo construido hace 600 años y que tiene como ‘huéspedes’ inesperados a los veinticinco integrantes de la Orquesta Experimental de Instrumentos Nativos de Bolivia que se quedaron varados y sin poder ofrecer sus conciertos por causa del Covid 19. Llevan 75 días a 9.500 kilómetros de distancia del país y de los suyos. Según BBC Mundo, creen que el Estado boliviano se olvidó de ellos, aunque sus anfitriones los tratan bien y vivir en un castillo no es cosa de todos los días, no obstante que en el bosque circundante por el que suelen pasear con cierto recelo, habita una veintena de manadas de lobos. Para la mayoría de los músicos era su primer viaje pero todos lo recordarán toda la vida.

A más de dos meses sin el fútbol de los sábados y del ‘tercer tiempo’ en cuarentena, me reconfortó el reencuentro virtual con apasionados futboleros de la Fraternidad Deportiva Camba. Vía ‘Zoom’, en la amigable tertulia sobre temas diversos, no faltó la interrogante sobre cuándo y cómo volveremos a correr, como si se nos fuera la vida, detrás de la pelota. El mismo efecto estimulante tuvo una visita esporádica a una de mis hijas para compartir ‘a distancia social’ con mis nietos Ivana y Gael que, pasado el surazo, pretendían darse un chapuzón en una pequeña piscina bajo los rayos del sol que empezaban a entibiar la mañana. No obstante la mejoría de mi estado de ánimo, no me faltaron ganas de maldecir por enésima vez al virus canalla que cambió por completo nuestra terrícola y sufrida existencia.