Opinión

Cara a cara

Pedro Rivero Jordán 12/8/2020 05:00

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Una irracionalidad demencial ha sometido al país a un auténtico calvario. Un cierre prolongado de carreteras por razones políticas llevó las cosas a los extremos en uno de los peores momentos de la vida nacional. Además de la libre circulación, se impidió la llegada de alimentos e insumos médicos a las ciudades, como lo había recomendado hace meses el cocalero experto en bloqueos. Fueron una constante las agresiones y humillaciones contra ciudadanos secuestrados y comunidades indefensas. Lo más doloroso y trágico fue la condena a muerte de decenas de pacientes por el oxígeno que no llegó a tiempo a los hospitales. Crímenes de lesa humanidad, en suma, los perpetrados en palmaria ausencia del Estado. Que los autores intelectuales y materiales de esos crímenes no terminen lavándose las manos.


“Descubrí que la corrupción institucional era más fuerte que el Estado”. No es el mea culpa de un ex-gobernante boliviano prófugo. Es el descarnado testimonio de Hassan Diab quien desempeñaba el cargo de primer ministro del Líbano. El ingeniero y académico de 61 años, había llegado al poder en enero de este año. Él mismo se encargó de anunciar la renuncia de su gobierno en un país devastado por la explosión de 2.700 toneladas de nitrato de amonio almacenadas al descuido durante 6 años en el puerto de Beirut. A la corrupción ‘descubierta’ por Diab se sumaron la negligencia y el incumplimiento de funciones claves, como detonante de un desenlace trágico y estremecedor con cientos de vidas truncadas y miles de heridos en medio de una dantesca destrucción.