Edición Impresa

cara a cara

b

Pedro Rivero Jordán 11/9/2020 05:00

Escucha esta nota aquí

_Un regaderazo helado cayó sobre productores y exportadores bolivianos, tras conocerse la suspensión de sus exportaciones de chía, granos de soya y derivados, además de carne vacuna congelada a Perú. La drástica e inesperada medida fue adoptada por el Servicio Nacional de Sanidad Agraria (Senasa) de ese país “a fin de evitar la introducción de plagas cuarentenarias y garantizar un comercio seguro”. El IBCE ha pedido al Gobierno evaluar una medida de ‘retaliación’ proporcional al daño que pueda causar tal disposición. En tanto, el Senasa y el Senasag boliviano iniciaron reuniones en busca de una resolución ‘amigable’ del problema. Es de esperar que la encuentren pronto para evitar pérdidas significativas a Bolivia, que en 2019 superó los $us 260 millones con la exportación a su vecino de los citados productos, mientras que a julio de 2020 están por encima de los $us 160 millones. No es poca cosa en tiempos de crisis profunda.

_El tráfico vehicular en la ciudad está mucho peor que antes de la cuarentena por la pandemia. El ‘virus’ motorizado se ha potenciado exponencialmente en calles y avenidas. Los micreros, en particular, siguen subiendo y bajando pasajeros en cualquier parte, además de no respetar el límite de transporte permitido por las normas biosanitarias. A ellos se ha agregado una nueva ‘plaga’ urbana: la de los motociclistas de los ‘delivery’ que en bandadas compiten por ser los más rápidos e intrépidos en su tarea de reparto, sin respetar semáforos y zigzagueando temerariamente entre otros vehículos.