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cara a cara

Pedro Rivero Jordán 4/10/2020 05:00

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_Es sabido que, en octubre de 2019, el MAS montó el mayor fraude electoral de la historia en el país. Lo hizo buscando perpetuarse en el poder. Fue pillado en flagrancia. La asquerosa trampa le costó al Estado boliviano más de Bs 200 millones y nadie del régimen masista hasta ahora se ha responsabilizado. Tampoco ha rendido cuentas. Aquel episodio marcó, eso sí, el principio del fin del gobierno dictatorial del caudillo cocalero que renunció a la presidencia antes de darse a la fuga. Por esos días, en los hechos, fue determinante una extraordinaria movilización ciudadana bautizada como la ‘revolución de las pititas’, una epopeya que mostró la rebeldía democrática de todo un pueblo en defensa del voto. De su libertad. De la democracia.

_Casi un año después, como si nada hubiera pasado, el ‘instrumento político’, beneficiado con la ley del embudo, se apresta a participar en las elecciones del 18 de octubre. Su sigla tendría que haber sido invalidada, con todos los efectos, por la misma transgresión electoral que en 2019 eliminó de un plumazo a los candidatos de una organización opositora. En vez de aplicar la norma en tiempo, el TSE pateó la pelota y el TCP la dejó pasar para dilatar el dictamen. Por eso el MAS está en carrera. Y para ganar es capaz de cualquier cosa. Como desconocer el resultado de la votación si no le es favorable. Por eso pregona la violencia y hasta amenaza con recuperar el poder desde las calles. Pero el espíritu libre, soberano y democrático de los bolivianos es mucho más fuerte que la bravuconada masista. De eso no hay duda.