Opinión

Cara a cara

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Un espacio de relevancia en todas las sociedades es el referido al mundo cultural. Con los anteojos que se los quiera ver. El institucional, artístico, de formación, reflexión y entretenimiento, el formal e informal. El propio y el ajeno. La cultura, comúnmente llamada, la cultura popular, de elite, de calle, de salón, de libro y digital. Esa enorme y tan vapuleada palabra con tantos significantes. Esa de los pueblos, con todas sus manifestaciones y reductos para disfrutar, compartir y reconocerse. Esa que se siente y se canta. Esa que crea y renueva vida. Esa que nos llena de felicidad y nos infla pecho de orgullo. Esa que a veces no entendemos y a la que también ninguneamos. Esa que en tantas gestiones mediocres se la considera como la quinta rueda del carro. Hoy se escucha con fuerza el reclamo, la demanda y la necesidad de volver a tener, un Ministerio de Culturas, nuevos espacios y más oportunidades. Recuperar los apoyos, los incentivos, las plataformas de exhibición y de fomento de todas las manifestaciones artísticas para volver a leerse, pintarse, escucharse, verse y valorarse. 

Se dijeron de todo. Donald Trump y Joe Biden, los aspirantes a llegar a la Casa Blanca por un periodo más, el jueves pasado sostuvieron el último debate por TV. Esta vez fue más ordenado y sabroso. Algo de show y mucho de chicana y menosprecio. Con estilos diferentes, el actual presidente, por momentos eufórico y en frente, algo más tranquilo y midiendo cada golpe, el candidato demócrata. Con fuertes cruces y chispazos de antología, dejaron tela por cortar. Después del olor a pólvora y terminada la función la maquinaria electoral subió al Olimpo. "Soy la persona menos racista de esta sala". Así se definió el presidente, Donald Trump. Más tarde: "Es algo criminal (...) Hace que seamos el hazmerreír del mundo y viola todos los conceptos de lo que somos como nación", dijo Biden. Y para concluir: "Esto es un montón de basura", reiteró el demócrata después de que Trump insistiese en que Biden es "un político corrupto" que se hace pasar por un "inocente bebé". El martes 3 de noviembre el pueblo estadounidense tendrá la última palabra.


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