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cara a cara

Pedro Rivero Jordán 28/10/2020 05:00

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_La paliza electoral del domingo 18 de octubre todavía no puede ser asimilada por quienes, convencidos o engatusados, se inclinaron por opciones distintas de la que terminó alzándose, insospechadamente, con un rotundo triunfo oleado y sacramentado a estas alturas. Desde antes que se iniciara el proceso que volvió a llevar a los bolivianos a las urnas, los errores del Gobierno de transición y de la oposición fueron del tamaño de una catedral. Admitir sin muchos rodeos que así fue ayuda en algo a digerir el duro revés. 

A levantar cabeza y a enderezar el rumbo rápidamente para no perder también gobernaciones y municipios en fecha próxima. Golpear las puertas de los cuarteles como lo han hecho algunas organizaciones ciudadanas, es un rapto de insensatez. En pleno siglo XXI raya en lo irracional. Hay que seguir el cauce de la democracia.

 _El que dice lo que no debe, escucha lo que no quiere, sentencia un conocido refrán. Aplica al cruce entre el ex jefazo boliviano, afectado de incontinencia verbal por estos días de euforia, y el jefe de la misión de la OEA en los comicios celebrados en el país en 2019 y 2020. El primero dijo que llevaría a la Corte Penal Internacional el informe del fraude electoral que el año pasado derivó en “masivas violaciones de los DDHH y crímenes de lesa humanidad” en Bolivia. El segundo respondió: “Es típico de dictadores, son patrañas que conozco…Estoy tranquilo, Ud. que debe cuentas a la CPI, lo está? Lo enfrento donde quiera. No soy del pueblo del que se burló”. Sin comentario.



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