Edición Impresa

cara a cara

Pedro Rivero Jordán 13/11/2020 05:00

Escucha esta nota aquí

_El presidente Luis Arce no ha completado una semana en sus funciones cuando el caudillo cocalero, apenas producido su retorno ‘recargado’ tras un año de ausencia, ha dado señales inequívocas de que está dispuesto a ‘seguirle metiendo nomás’ interfiriendo en el Gobierno. 

Usar como si fuera suyo y no del Estado, -aunque sea un elefante blanco-, el aeropuerto de Chimoré para su baño de masas, es una de ellas. La otra es el ‘debate’ que dijo tener con el mandatario para designar autoridades. Por lo visto, al exjefazo le cuesta asumir que, sin su concurso, en Bolivia arrancó un nuevo ciclo y olvida su compromiso de dedicarse a cuidar su cato, a freír pescado y a formar líderes bajo su escuela.

_“La reelección fue un error terrible, nunca más se debe ir contra la voluntad del pueblo”. Lo dijo el exministro de Justicia Héctor Arce en rasgo de honestidad política y en medio de la retórica violenta del recién llegado y de su fiel escudero que dinamitan los esfuerzos por pacificar un país atormentado por tanta e interminable confrontación.

_Y mientras en el Parlamento oficialistas y opositores intentan salir de sus trincheras para dialogar y debatir racionalmente, puertas afuera de la ALP, en el ‘kilómetro cero’ de la plaza Murillo, las trifulcas se suceden entre afines y desafectos, tirasacos, buscapegas y otras especies. 

El diputado Felipe Quispe perdió el sombrero a manos de un ratero, pero se libró de una golpiza mientras dos cholitas estropeaban sus mejores galas peleando como fieras y un energúmeno las emprendía contra los periodistas en el lugar. ¡Qué mala leche!