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OPINIÓN

Cara a cara

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Ante el crecimiento de casos de coronavirus que experimenta Uruguay, la Intendencia (Alcaldía) de Montevideo decidió suspender el Carnaval 2021 como medida preventiva. También el estado de Río de Janeiro decidió cerrar actividades turísticas, suspender festejos navideños en la playa de Copacabana e incluso anunció que ni habría Carnaval. En Santa Cruz corrieron todo tipo de rumores y es inminente un anuncio, aunque no se sabe si será definitivo, de la suspensión o realización de las fiestas carnestolendas dentro de pocas semanas. Momento crucial donde las autoridades sanitarias del departamento pronostican que el rebrote actuará con más fuerza. Menuda decisión tendrá la Alcaldía cruceña ante la presión de quienes insisten en festejar Carnaval, descuidando la salud pública y la vida misma.

Farmacéuticas, compañías, laboratorios y gobiernos han dispuesto millonarias cifras de recursos públicos y privados para hallar la vacuna anticovid y diezmar la pesadilla de la pandemia. Hoy, en el umbral de la vacunación mundial, se conoce que no todos podrán tener acceso a la inmunización pródiga, sobre todo los países con menos recursos. Se supo por ejemplo que, de 70 países pobres, solo una de cada diez personas tendrá acceso a la vacuna. Se tenía conocimiento también de que la distribución y el acceso iba a ser todo un problema de reingeniería que generaría al mundo otros problemas. Se evidencia, entre tanto ruido, una guerra mediática de propagandas de buenas y malas vacunas. La habilidad de los gobiernos por saber negociar, planificar y decidir cuál sí o cuál no irrumpe en las cúpulas políticas que deberán estar mejor asesoradas y no solo por científicos, aunque muchas veces son los menos escuchados.

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