Opinión

Cara a cara

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Si conseguir vacunas contra el coronavirus es un problema, una vez compradas y recibidas en varios sitios del planeta surgieron inconvenientes. Para algunos países en vez de ser un alivio la vacuna sigue siendo un dolor de cabeza. Casos de corrupción, mala distribución y preferencias indebidas sacudieron a España, Estados Unidos y a Perú en el sonado “Vacunagate”, en este caso con la dimisión de varios ministros. Ayer en Argentina, el presidente Alberto Fernández pidió la inmediata renuncia del ministro de cartera Ginés González tras conocerse una preferencia de vacunación a ciertas personalidades dentro y fuera del gobierno. El terremoto político sigue levantando polvareda y deja ver que ante una complicada situación sanitaria las gestiones por el bien común terminan ensuciándose por la viveza criolla. A punto de llegar un importante lote de vacunas al país, 500.000 de China, seguramente la próxima semana, se encienden las alertas para que en Bolivia no sucedan este tipo de nefastos acontecimientos.

Datos escalofriantes y aterradores, que pasan como si nada. La violencia de género, la violencia machista, la violencia en sí socaba lo más profundo del círculo íntimo de las familias y de la sociedad boliviana. 75 de cada 100, es decir el 75% de mujeres casadas, o que conviven con sus parejas ha sufrido algún tipo de violencia alguna vez y más de la mitad, un 52% de mujeres solteras sufrió violencia por parte de sus novios, enamorados, exparejas, etc. Datos que presenta el Comité Interinstitucional de Lucha Contra la Violencia de Género y que se divulgan a través de una campaña educativa y de concienciación que se lleva a cabo en Santa Cruz y luego será a nivel nacional. Este proyecto, Familia sin Violencia, Familia sin miedo intenta visibilizar el problema, que, a pesar de la magnitud, pareciera un lunar perdido en el espacio.

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