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cara a cara

Monica Salvatierra 8/4/2021 05:00

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_La muerte de Vilma es la muestra más clara del fracaso de las leyes que supuestamente protegen a la mujer de la violencia machista. Ella acudió (como se aconseja en los spots del Estado) a las autoridades para pedir auxilio, pero ninguna de las instancias fue capaz de salvarla de la muerte. Pidieron un informe forense de las lesiones y este fue emitido por la Defensoría de la Mujer un día después de que ella murió apuñalada por quien la maltrataba hacía rato. La Fiscalía liberó al hombre porque no recibió el papeleo que había solicitado sin siquiera pensar que había un peligro en esa relación y en el acoso al que ella era sometida. La indolencia fue mayor y nadie fue capaz de ayudar a esa madre. Ahora ella está muerta. ¿Cuántas Vilmas más tienen que haber para que esa realidad cambie?

_El Gobierno acusa a los Sedes y los Sedes acusan al Gobierno. Lo concreto es que faltan vacunas. Y es que a Bolivia llegaron menos de un millón de dosis. Lo que está faltando es la gestión estatal para conseguir los biológicos en el mercado mundial. 

El Gobierno nacional debería dejar la pelea política tediosa y hacer su tarea como es debido. La otra opción es dejar de acaparar esa misión y abrir la posibilidad de que los gobiernos subnacionales y las empresas privadas también busquen las vacunas. Si más entidades hacen el esfuerzo, hay mayor posibilidad de inmunizar a más bolivianos. Pero, obviamente, eso demanda pensar solo en la salud y no usar esos productos como mecanismo de poder y de control del adversario político.



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