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Cara a cara

Monica Salvatierra 27/12/2021 05:00

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Es la última semana del 2021, un año que comenzó con la esperanza de que se diera fin al virus del covid y de que las economías del mundo se recuperen después de haber estado tan golpeadas. Ninguna de las dos cosas a ocurrido como se quería. El coronavirus ha encontrado la manera de reinventarse en varias olas. Ahora mismo, en Bolivia estamos atravesando la cuarta, sin tener certeza de si la variante ómicron ya circula en nuestra región. Sin embargo, hay que destacar que alguna esperanza existe: ya se está vacunando a los niños y hay el tercer refuerzo de inmunización. Lo que sigue faltando es consciencia en casi la mitad de los ciudadanos, que se niegan a recibir las dosis o que niegan la existencia de esta enfermedad que tanto luto y dolor dejó en la humanidad. Habrá que renovar la fe en el inicio de la siguiente gestión, aunque lo más certero es abrirse a la incertidumbre.

La recuperación económica es dispar en el mundo. Tiene que ver con las políticas de los estados para incentivar el despegue de cada sector. En Bolivia las exportaciones no tradicionales superaron ya a las de los hidrocarburos, pese a las trabas impuestas desde el gobierno: bandas de precios, cupos de venta al extranjero, etc. Bolivia debe ser uno de los pocos países en el mundo donde prevalece la ideología antes que la realidad. Sí, hubo un crecimiento superior al 5%, pero fue por efecto rebote antes que por incentivos y planificación. Lo cierto es que aún no se consigue revertir el subempleo, la disminución de ingresos en los hogares, la baja de oportunidades para los bolivianos ni la preocupación con la que se mira el futuro.

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