Opinión

Cara a cara

Monica Salvatierra 28/12/2021 05:00

Escucha esta nota aquí

“El deteriorado estado de salud de Percy Fernández le impide comprender los actos del proceso (judicial) y no está en condiciones de asumir defensa”. Es parte del argumento de la familia y la defensa del exalcalde municipal, investigado por los ítems fantasma. Ya en la recta final de su gestión se lo veía poco y cada vez menos lúcido. El exdirector de recursos humanos, Javier Cedeño, declaró que el exedil fue prácticamente secuestrado en un búnker, por lo que perdió el contacto con funcionarios ediles y solo se vinculaba con un grupo, encabezado por Angélica Sosa. Triste final para quien fue uno de los más lúcidos profesionales cruceños. Y en este último capítulo, triste también el rol de su entorno familiar que dejó que las cosas (denuncias, acciones y omisiones) lo pongan en el banquillo de acusados, antes que en un sitial de respeto.

Hay una explosión de contagios en Santa Cruz. Tras las reuniones familiares de Navidad, cundió el pánico y la gente inunda los puntos de diagnóstico públicos y privados. Si bien el ministro de Salud sostiene que la variante Ómicron no está en Bolivia, llama mucho la atención la velocidad de transmisión del coronavirus. También llama la atención que después de tres picos no hayamos aprendido la lección. La gente está descontrolada a pesar de las advertencias, a pesar de tantas muertes y tanta tristeza. Y este comportamiento tiene un cómplice en las autoridades llamadas a poner orden. Públicamente dicen que están prohibidas las fiestas, pero autorizan la realización de “cenas” de 500, 600 o 700 personas. ¿A quién quieren engañar? Parece que el beneficio inmediato personal puede más que la conciencia y responsabilidad con la sociedad.

Comentarios