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OPINIÓN

Cara a Cara

Pedro Rivero Jordán 31/12/2021 04:00

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Con una escalada aparentemente incontenible de contagios por el coronavirus, registrada en los últimos días y que ha obligado al Gobierno central a declarar una emergencia sanitaria a escala nacional con un abanico de medidas, Bolivia se apresta a despedir 2021 y a recibir el 2022. Lo hará con las cajas destempladas porque el jolgorio, antes acostumbrado por estas fechas, ha quedado restringido casi por completo. En otras partes del planeta, la situación se presenta mucho peor. La OMS ha informado que la variante ómicron del Covid-19 ha provocado un ‘tsunami’ de contagios que tiene al borde del colapso a los sistemas sanitarios en la mayoría de los países del mundo, -muchos europeos- con cerca de un millón de infectados diarios en la última semana.

El Ministerio de Salud ha descartado, por el momento, la presencia en el país de esa variante del virus que circula ‘a una velocidad sin precedentes’. En tanto, las autoridades de las ciudades del eje central, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, además de El Alto, dispusieron la suspensión de los festejos masivos para recibir el Año Nuevo, “priorizando la salud y la vida”. De tal modo que las celebraciones se ajustarán estrictamente al ámbito familiar y habrá controles para impedir que fiesteros impenitentes, que no son pocos, se salgan con la suya violando las restricciones, como suele ocurrir en muchos casos que tienen que ver con la falta de conciencia ciudadana y de medidas eficaces que impidan los desbordes que, por lo general, resultan siempre de consecuencias para lamentar.

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