Opinión

EDICIÓN IMPRESA

Cara a cara

4/1/2022 05:00

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En medio de una parafernalia, el vicepresidente David Choquehuanca recibió finalmente la vacuna contra el coronavirus cuando se han disparado las cifras de contagio en el país. Sucedió en las primeras horas del lunes en un centro de inmunización localizado en la plaza Bolivia de la sede de gobierno. El encargado del ‘célebre’ pinchazo fue el ministro de salud, Jeyson Auza en persona. En medio de invocaciones, sahumerios y otros rituales, el ciudadano a vacunarse se habrá sentido como un dios andino. Antes de cumplir con la norma sanitaria, Choquehuanca reveló que, además de haberse contagiado con el virus hasta un par de veces, lo combatió con medicina ancestral e incluso llegó a comer pasto… Casi opacó sus versiones sobre el sexo de las piedras y los relojes que marcan el tiempo al revés.

En Bolivia, la cultura sigue siendo la quinta rueda del carro. Como las de sus antecesores en el cargo, la gestión 2021 a cargo de la radialista y dirigente sindical Sabina Orellana pasó prácticamente desapercibida. La ministra había advertido que no podría satisfacer las necesidades de los artistas porque solo disponía de un presupuesto de Bs 39 millones, menos de la mitad del asignado el año anterior. Así, los poquitos incentivos a la producción literaria y otras actividades volvieron a quedar en suspenso. Entre las voces críticas que se dejan sentir en el ámbito artístico, las políticas de Estado a favor de la cultura no se perciben en ningún sentido y el ministerio del área es lo más parecido a un florero en el gabinete de Luis Arce.

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