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1 de abril de 2022, 4:00 AM
1 de abril de 2022, 4:00 AM

“Si me pagan 900 mil dólares al año, pueden echarme la culpa a mí”, comentaba divertido un amigo tarijeño la expresión del ahora ex director técnico de la Selección, César Farías, cuando decía: “No le sigan pegando a su Selección, es mi responsabilidad y punto”. Con un ingreso así, pueden echarle mil culpas, total, una vez ingresado el dinero en la cuenta no hay vuelta atrás ni manera de que el banco haga retornar el depósito a la cuenta de origen.

 La Selección moviliza muchas pasiones, quizá la mayor pasión cada vez que hay eliminatorias. Por alguna razón, los bolivianos abrazamos ingenuamente la esperanza de que “sí podemos” y lograremos clasificar a un Mundial. Y no es que esté mal autoayudarnos con esas y otras frases. El problema es que con esas palabras depositamos nuestra confianza no en un DT o en los 11 jugadores que entran a la cancha a defender la Verde, sino en una misión poco menos que imposible en las condiciones actuales.

Una buena Selección será producto de un buen fútbol. El boliviano no lo es, seamos honestos en reconocerlo. Que tengamos alguna figura brillante y solitaria como un Marcelo Martins ayuda, pero no es suficiente. Y quizá no solo sea necesario un buen fútbol, sino también un mejor país, una mejor cultura del trabajo, un saber hacer las cosas con más responsabilidad en todos los aspectos y no solo sobre el césped o frente al arco. Como en todo, para clasificar se necesita mucho trabajo y menos autocomplacencia. Y, por supuesto, menos piratas dispuestos a cargar la culpa con la cuenta con muchos ceros.

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