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4 de septiembre de 2017, 6:31 AM
4 de septiembre de 2017, 6:31 AM

Hace 31 años el narcotráfico asesinó a uno de los más notables cruceños. En Huanchaca cayó Noel Kempff Mercado, abatido por las balas de la mafia de la cocaína, que había perforado algunas esferas del poder político boliviano. Ninguna muerte puede ser útil, es cierto. Todo crimen es doloroso, mucho más cuando alcanza a personajes tan valiosos como lo fue el destacado científico.

¿Fue en vano su muerte?, se preguntó ayer en un artículo el escritor Manfredo Kempff, que además es pariente de don Noel. La pérdida causó un remezón en las estructuras de la sociedad cruceña, que se había mostrado permisiva con los narcos hasta entonces. Los mafiosos pasaron a ser despreciados por la ciudadanía y dejaron de tener la acogida que habían conseguido con sus miles de dólares sucios. Pasaron tres décadas de esta tragedia y cabe al menos preguntarse si después de ese histórico repliegue los narcos han vuelto a tener la influencia que tuvieron en Bolivia. No debe ocurrir otro Huanchaca para que la sociedad le dé la espalda a los malos.

Pasaron también 31 años de las emblemáticas jornadas de Santa Cruz 2000, lideradas por el entonces presidente cívico Carlos Dabdoub. Los debates se hicieron días después de la muerte de Noel Kempff Mercado, que estremeció a los cruceños. Hubo avances en la agenda que se propuso la región entonces. Santa Cruz superó con creces su intención de convertirse en el mayor departamento productor de alimentos. Se avanzó algo en la demanda autonómica, pero queda mucho por hacer para consolidarla. Lo que todavía queda pendiente es el proyecto Rositas y la explotación de Mutún. 

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