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Ante la posible metida de pata de algunos alcaldes de sacar de circulación el barbijo tras los resultados de contagios y fallecimientos en picada de los últimos meses, el ministerio de salud puso un atajo y el debate volvió al ruedo. Desde arriba definieron que ninguna región podrá flexibilizar las medidas de bioseguridad, entre ellas el uso obligatorio del barbijo, sin cumplir un requisito básico, como es tener una cobertura de vacunación de dos dosis en un 80% de cobertura y la mitad de los ciudadanos con un esquema de tres dosis, entre otros detalles. Buena manera de hacer entender que el covid-19 y sus variantes siguen sueltas y nadie puede garantizar un peligroso rebrote. Nunca hay que olvidar del personal de salud que ha puesto y sigue poniendo su cuerpo por el bien de los demás y no hay derecho de seguir ninguneando su tiempo, su labor y su saber que benefician a todos. El capricho de no querer usar barbijo ahora te obliga primero a vacunarte una, dos y tres veces, no solo por tu beneficio, sino por los demás.

En el día de la virgen de Monserrat, patrona de Catalunya, Joan Manuel Serrat (77) inició la gira final en Nueva York, en el mismísimo Beacon Theater bajo el nombre El vicio de cantar, despedida. Arrancó con Hoy puede ser un gran día y todos sabían que era una noche de memorias y adioses. Luego de 21 canciones más, el mediterráneo más sensible de Poble-sec miraba hacia los 70 conciertos últimos que alguna vez se prometió. Las transmisiones por celulares se multiplicaron como estrellas en la mar, un océano de adioses que harán flamear pañuelos por Latinoamérica en los próximos meses. La gira finalizará el 23 de diciembre en Barcelona y Serrat dejará de pisar los escenarios para siempre.

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