Opinión

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Cara a Cara

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Si alguien pensaba que la invasión de Rusia a Ucrania sería cosa de una o dos semanas para entrar, matar, pisar, vencer y clavar las banderas de Moscú en territorio ocupado, estaba completamente equivocado. Van tres meses desde aquel 24 de febrero en que las tropas rusas entraron a tierra ucraniana y la guerra está lejos de terminar. 90 días de ataques diarios, de día y de noche, bombardeos, ejecuciones civiles que violan los tratados internacionales, destrucción de infraestructura militar pero también de edificaciones de viviendas y oficinas.

 Los rusos intentaron controlar Kiev, y cuando se dieron cuenta que no podían, se fueron al este de Ucrania para tratar de dominar primero esos territorios, conocidos como la región de Donbás, donde grupos de separatistas pro Moscú tienen el control de algunas partes desde 2014. Si aun así, siendo un territorio parcial donde Rusia tiene aliados fuertes, cuesta controlar ese pedazo de tierra ucraniana, hay que imaginar el costo en vidas y daños que tendrá controlar todo el país, si es que eso finalmente ocurre.

 Las noticias cada vez llegan menos de la guerra, como ocurre con todo cuando comienza a bajar el interés. Pero la guerra continúa y está un momento muy duro para los soldados ucranianos. Los rusos están matando 100 soldados ucranianos al día en Donbás, ha dicho el presidente Zelensky. Los que matan lo hacen porque Putin los mandó allá; los que resisten pelean con determinación porque defienden lo que es suyo.

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