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Cara a Cara

5 de junio de 2022, 4:00 AM
5 de junio de 2022, 4:00 AM

A Bolivia se le escurre como agua entre los dedos la posibilidad de consolidarse como principal centro de distribución y país de tránsito para la carga que se genera en el continente, de ida y vuelta, entre el Atlántico y el Pacífico. Paraguay baraja mejor sus cartas para beneficiarse con el corredor bioceánico. Se trata de una vía que genera jugosos ingresos por transporte terrestre. Un potencial económico que Bolivia no aprovecha al máximo frente a la preocupante alternativa paraguaya.

Invirtiendo $us 445 millones, nuestro vecino inauguró hace poco el primer tramo de 276 kilómetros asfaltados hasta los límites con Brasil y Argentina. Las condiciones esenciales de un corredor bioceánico son garantizar el libre tránsito, la oferta de servicios, facilidades para el comercio internacional y costos competitivos. A diferencia de Paraguay, una alta conflictividad que deriva en frecuentes cortes de rutas muestra a Bolivia como ‘país tranca’ que sus vecinos prefieren evitar en proyectos de integración vial como el referido.

Pero seguimos siendo el “nodo bimodal” del corredor. Lo aseguró, aunque sin mayor detalle, el ministro Édgar Montaño, incapaz de impedir, entre otras cosas, que los paraguayos terminen ganándonos la tuja o de lograr que operen varios aeropuertos construidos al divino botón en el país. Él disfruta y se muestra más eficiente como cuje oficial contra el gobernador cruceño o comandando a los ‘guerreros azules’ o grupos de choque del masismo. En su lógica, lo demás parece ser lo de menos…

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