Opinión

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Cara a Cara

9 de junio de 2022, 4:00 AM
9 de junio de 2022, 4:00 AM

Volvieron los atracos y la inseguridad a Santa Cruz. En pleno centro de la ciudad, frente a decenas de testigos y varios guardias de seguridad, un ladrón se llevó una mochila en la que había 396.000 bolivianos. No es el único caso de las últimas semanas. Hace unos días, un hombre fue despojado de Bs 200.000 cuando salió de un céntrico banco. Y poco antes, un recluso salió con permiso del penal de Okinawa, robó medio millón de bolivianos de la caja fuerte de una vivienda y se tomó el tiempo que quiso para retornar al reclusorio, a vista y paciencia del gobernador del mismo. A ello se suma el atraco a dos mujeres extranjeras en pleno barrio Equipetrol. Son alertas, cada día más graves, que dejan en la incertidumbre al vecino. La sensación de inseguridad es creciente, como lo es la desconfianza en las autoridades llamadas a cuidar a la población.

 Evo Morales lanza ataques contra el Gobierno. Dice que quiere cuidar al “hermano Lucho”, pero su postura parece más un chantaje para que su voz (antes poderosa) sea escuchada. A Evo le ofende que helicópteros sobrevuelen Chapare, como si ese fuera un territorio sin Estado. ¿Por qué tendría que molestar que se vigile a los narcotraficantes de la zona? ¿O es que no hay fábricas de cocaína que han sido denunciadas por él mismo? Cuestiona la corrupción de la Policía, pero se olvida que el jefe antidrogas de su Gobierno está buscado por permitir el uso de aeropuertos para trasladar estupefacientes a otros países. Dice que hay viceministros corruptos y solo queda recordarle el Fondo Indígena, entre otros bullados casos sin castigo en su Gobierno.

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