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Cara a Cara

26 de junio de 2022, 4:00 AM
26 de junio de 2022, 4:00 AM

Del otro lado del Piraí soplaron vientos de violencia y muerte. Manchas de sangre sobre el pavimento de una ruta poco transitada, quedaron como evidencias del asesinato brutal de dos policías y un joven voluntario del Gacip. Los tres fueron ajusticiados con espantosa sangre fría y balas de alto calibre por ejecutores de espíritus endemoniados. Jalaron del gatillo sin compasión alguna, en un hecho todavía confuso por las versiones ofrecidas por los altos mandos policiales y que dejaron varios agujeros negros. No obstante, es indesmentible la presencia del crimen organizado en el país, estrechamente ligado al narcotráfico y sus terribles efectos. Como el irreparable dolor de viudas y huérfanos que en el desamparo lloran a sus seres queridos.

 Lo ocurrido en el Urubó, bajo jurisdicción del municipio de Porongo, es profundamente perturbador, revela la ausencia del Estado y causa el desasosiego de la comunidad. Las autoridades porongueñas se declaran impotentes frente al violento desborde por falta de recursos de todo tipo. Mientras policías mal equipados -como los victimados vilmente-, se encargan de la seguridad en un lugar que recibe hasta 20 mil visitantes los fines de semana y fechas festivas, los comandantes del verde olivo se presentan imperturbables luciendo chalecos antibalas y fuertemente custodiados. Curiosa imagen en una conferencia de prensa en la que poco y nada fue aportado a la búsqueda de la verdad. Menos para restablecer la paz social arrebatada por la metralla asesina.

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