Opinión

Cara a Cara

11 de julio de 2022, 4:49 AM
11 de julio de 2022, 4:49 AM

“Estamos preparados para resistir (la crisis mundial)”, dijo el ministro de Economía, Marcelo Montenegro en diálogo con EL DEBER. Siempre es importante conocer la mirada de quien tiene en sus manos el timón de las finanzas del país. La autoridad apuesta a que la fórmula de apoyarse en la demanda interna servirá en este momento como sirvió en otros en los que la economía global fue afectada. Sin embargo, no se perciben acciones extraordinarias, tomando en cuenta que el planeta soporta una fuerte inflación, que los precios de los hidrocarburos y de otros productos están inestables. El ministro sabe que no vivimos en una burbuja y que algún coletazo llegará. Aún tenemos una moneda fuerte, pero las fronteras son vulnerables al contrabando y eso afecta a la industria nacional y, por tanto, al empleo de calidad. El aparato estatal sigue grande y pocas señales de austeridad se han mostrado desde el Ejecutivo. Los subsidios siguen costándole mucho a las arcas nacionales. Un exceso de confianza puede no ser un buen consejero en este momento.

 Y la ideología es la gran intrusa. El pueblo apostó por el MAS y en el MAS no creen que el Estado deba reducir su participación en la economía nacional. Eso también lo dijo el ministro. Si bien los empresarios privados tienen una visión de cómo conducir al país y el Gobierno tiene otra, esas miradas diferentes no deberían ser el gran obstáculo para dialogar y trabajar en equipo para surfear este tsunami mundial. Hubo un solo encuentro en un año y medio de Gobierno para escuchar a los privados. Así no se puede mancomunar esfuerzos ni mejorar la calidad de vida de los bolivianos.