18 de febrero de 2023, 7:17 AM
18 de febrero de 2023, 7:17 AM

Su padre boliviano no le enseñó el idioma español, así como tampoco le transmitió el amor por este país. Ni siquiera estuvo de acuerdo con su primer ‘matriqui’, un tal James Welch. Ella tenía 19 años y ni soñaba con un futuro estelar. Raquel tuvo dos hijos con él y un divorcio a temprana edad. Conoció al productor Patrick Curtis con quien saboreó las mieles del éxito. Entre bikinis de piel y éxitos de taquilla se transformó en un símbolo sexual. Entre amores y fama, Raquel Welch tuvo su tercer matrimonio a los 40 y un cuarto 19 años más tarde. La otra, la misma, alguna vez dijo: “Nunca tuve amantes famosos, pese a haber conocido a algunos de los hombres más deseados del planeta. No voy a contar mis intimidades con Elvis Presley, Bob Dylan o con Marcello Mastroianni. Sus secretos están bien guardados conmigo”. La mujer que volvió a la tierra de su padre para recibir un premio en el Festival de Cine de Santa Cruz en 2002 partió a los 82 años en Estados Unidos. En medio siglo protagonizó una treintena de películas y 50 series de televisión. Cantó e hizo teatro. Una actriz todoterreno. Jo Raquel Tejada soñó una vida y esperó que suceda, eso fue hace un millón de años a.C. Hoy descansa en paz.

Mudar de piel, cambiar el trayecto, un nudo aprieta el corazón. Mutar un guardarropa como secreto de jornadas interminables y calientes. El tiempo no se mejora, se va. Se fue. Inalcanzable como la química de aquellos átomos compartidos. Tiempo intangible y rebelde, basta parar de pensar y solo dejarlo correr. Al galope, la alegría entre los dientes pensando en mañana. Nos vamos, nos vemos, nos vimos. Leyenda heroica y zigzagueante. Pasos, pisos, pesos pesados y poses. El aura de los soldados impregna el sopor de este recuerdo. Noticias de fuego. A veces fuimos incienso y otras, incendios, tormentas en la noche, rayos en el día, vientos y lluvias de soles y lunas. Una sala fulgurante. Dejamos todo para estar presentes. Vida pura. Ya volamos, ya sentimos el viento de los algoritmos encendidos. Ya está. Que el último cierre la puerta para que el Gordo apague la luz.