Opinión

Cara a Cara

9 de junio de 2023, 4:20 AM
9 de junio de 2023, 4:20 AM

Los recientes hechos policiales y judiciales pueden dejar perplejo a cualquiera. Abundan las dudas, escasean las certezas. Y los llamados a esclarecer los hechos, más bien se ocupan de embarrarlos. Todo pertenece al campo del surrealismo, como salido de un cuadro de Dalí: La muerte del interventor Colodro y la supuesta carta póstuma; el envío de media tonelada de cocaína en un vuelo comercial y la reacción de las autoridades, cuatro meses después; la condena a dos años de cárcel por opinar sobre la wiphala y la amable insistencia policial de llevar al excívico Calvo a su casa; el caso coimas en un ministerio, donde la acusadora ahora pasará a ser acusada. Las aberraciones suman y siguen.

 Lo triste es que todos sabemos que el sistema hace aguas por donde se lo mire, pero no queda otra que seguir la corriente y pretender que vivimos en la normalidad. A quién quejarse, si hasta la oficina de Derechos Humanos ha sido tomada por unos vándalos como si nada, mientras su valerosa y octogenaria titular hace vigilia en la puerta. Triste, porque los causantes de esta situación saben que nosotros sabemos, pero también saben que nos estamos acostumbrando a la sinrazón y que ya no hay capacidad de reacción, ni siquiera capacidad de mostrar indignación por lo que sucede. Habría que aprender de esa valerosa dama –Amparo Carvajal–, que, a sus 84 años y enferma, no se rinde, no claudica. Su protesta silenciosa vale mucho más que mil palabras. Su protesta es un mensaje contundente para que los que saben que sabemos, sepan que sí hay quienes saben defenderse.

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