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18 de agosto de 2017, 4:00 AM
18 de agosto de 2017, 4:00 AM

Estamos otra vez conmocionados por la masiva muerte de personas inocentes a manos del demente accionar terrorista en el corazón de Barcelona. Solo la locura extrema e inexplicable de un humano puede derivar en tanto horror.  Únicamente una bestia, sin cerebro ni corazón, es capaz de idear un ataque como el de ayer, subiéndose en una furgoneta para arrollar a decenas de sus semejantes que caminaban por el famoso paseo conocido como La Rambla. Desde el 11M de 2003 que España no sufría un ataque terrorista tan sangriento, pese a que desde entonces instaló una constante vigilancia. ¿Por qué otra vez España? Porque en realidad nadie está libre en el mundo del peligroso fanatismo humano llevado a la extrema demencia. Son ocho los ataques que han ocurrido en Europa con esta nueva forma de sembrar terror, que es atropellando en vehículos a los peatones. Ya no es con bomba en los aviones ni balas en las calles. Esto hace mucho más difícil el control, por lo que habrá que idear nuevas estrategias y recursos de combate del terrorismo globalizado. 

Las redes sociales y los medios estuvieron en el centro de la polémica ayer en España por la difusión de videos y fotos de los muertos y heridos del atentado. La Policía pidió evitar estas publicaciones por respeto a los familiares de las víctimas, pero igual hubo desbordes, en un mundo en el que cada vez los ciudadanos usan más el teléfono para generar sus propias publicaciones. El eterno dilema ético de la libertad de expresión o el derecho a la información frente a la protección de la imagen de los ciudadanos. Con las redes, al parecer, acabaron los límites. 

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