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7 de marzo de 2019, 4:00 AM
7 de marzo de 2019, 4:00 AM

Cinco caballos atropellaron a dos religiosas en el Plan 3.000 el mes pasado, según nos hizo notar el gran benefactor de esa populosa zona, el Mons. Nicolás Castellanos. Ambas religiosas sufrieron heridas de consideración, y una de ellas todavía se encuentra en estado crítico, con nueve costillas rotas. “Qué pensar de esta maravillosa ciudad donde los caballos se pasean por las veredas, se desbocan por las calles”, se pregunta Mons. Castellanos. Lo triste es que no hay a quién reclamar por semejante negligencia. Las víctimas son Josefina Becerra y Lorenza Zanandrea (italiana), que cayeron en desgracia mientras ejercían su labor de servir a los pobres. Corresponde que la Alcaldía les dé una mano y que también haga algo para evitar los inverosímiles accidentes causados por animales sueltos.

Este es un pueblo carnavalero, dice la tradición, pero da la impresión de que ahora la gente celebra la fiesta grande a su manera. Una mirada al entorno nos permitió constatar que las familias y los amigos encontraron mil maneras de pasar los tres días de ocio. Celebro esa diversidad y la libertad de gozar sin afectar a los demás. Incluso la propia farándula adquirió ribetes de mayor tolerancia hacia lo ajeno, pues disminuyó el uso de pintura, según me cuenta un carnavalero de pura cepa, que esta vez llegó ‘limpio’ a su casa. Si agredir a las personas y a los bienes públicos alguna vez fue parte de nuestro acervo cultural, es bueno que vaya desapareciendo.

Las fuerzas del orden en Bolivia operan desprotegidas cuando se enfrentan al narcotráfico y al contrabando, sobre todo porque a las turbas organizadas que las emboscan casi nunca les cae el peso de la ley. Los delitos contra los uniformados deberían merecer penas más duras. Pero ya sería un avance si por lo menos detuvieran a los sospechosos.

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