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16 de agosto de 2017, 4:00 AM
16 de agosto de 2017, 4:00 AM

Una vez sellada la ley que permite una carretera por el Tipnis, los que la rechazan tienen en la vía judicial una posibilidad remota de frenarla, considerando la falta de contrapeso de poderes en Bolivia. Todo parece estar consumado, ya que la resistencia resultó esta vez más testimonial que efectiva. En consecuencia, habrá que apostar ahora con cierta resignación a que la obra vial sea “amigable con el medioambiente”, como lo dijo un ministro. O sea, que el daño ecológico no sea tan mayúsculo como se teme. Es penoso planteárselo de esta forma, pero no parece quedar otra salida cuando al poder no le interesan las razones. Los sectores que apoyan el proyecto pretenden reunirse a fin de mes para analizar el trazado de la ruta, cuando lo sensato es hacer una propuesta estrictamente técnica. Dejemos a los especialistas la responsabilidad de definir el trazado y la mitigación del impacto ambiental. Estemos, por nuestro lado, atentos a cómo contratan el financiamiento y a la compañía constructora para aspirar a una mínima transparencia. Por ahora no queda otra salida, después de tan tibia oposición.

“Imágenes que hieren la sensibilidad”, es el epíteto que colocamos los medios para intentar salvar nuestra responsabilidad ética cuando difundimos videos o fotos crueles y desagradables. Sin medir consecuencias repetimos ocho o nueve veces en las pantallas agresiones que terminan aumentando el dolor de las víctimas. Por favor, paremos. 

Entre una delicada denuncia de supuesto “lavado” y nuevas amenazas de paro, nuestro fútbol camina otra vez a los tropezones. 

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