Opinión

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9 de septiembre de 2017, 21:52 PM
9 de septiembre de 2017, 21:52 PM

Se alborota el espíritu cruceñista en septiembre. La ‘cambada’, acompañada de bandas de música y bellas muchachas, enfiló ayer talón, planta, punta rumbo al Cambódromo, epicentro del festejo por el Día de la Tradición. Mientras, en edificios públicos, como el de la Fiscalía Departamental, además de los de empresas privadas y en domicilios particulares, flamea la bandera ‘trucha’ de Santa Cruz con el escudo cruceño al centro, la misma que, sin que a nadie le importe, también se ofrece a la venta por doquier en la ciudad. Oí camba, ¿estás dormido? exclamaría Julián, un recordado columnista de hace décadas.

Eva tenía 12 años cuando en marzo murió de hambre. En un cuartito de 4x4 vivía junto con los suyos en la extrema pobreza en la ciudad de El Alto. El drama de la niña provocó una sacudida emocional en el país. Tras el penoso suceso, el Gobierno le dio un techo digno y trabajo al hermano mayor, sostén de la familia desvalida. Ahora es Naomi (14) la que vino al mundo con parálisis cerebral y creció sin amor tras la separación de sus padres, tampoco le brindaron los cuidados necesarios. Se debate entre la vida y la muerte en un hospital de La Paz. Estas lacerantes historias tienen que sensibilizarnos a todos los bolivianos para procurar alivio, cuando menos al calvario, de las cada vez más numerosas víctimas indefensas de la desintegración familiar, del maltrato y del abandono.

El sector de los porcinocultores se ha declarado en emergencia después de que el ministerio de Desarrollo Productivo suscribiera un acuerdo para la importación de carne de cerdo desde Perú, en franco desconocimiento de la capacidad de dicho sector para abastecer a satisfacción el mercado interno y hasta generar un excedente del 5% que puede ser exportado. Parece una ‘chanchada’ más en contra de los productores cruceños.

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