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21 de marzo de 2017, 4:00 AM
21 de marzo de 2017, 4:00 AM

_No ha podido ser peor que el de ahora el clima previo a la presentación de la réplica de Bolivia ante La Haya por la demanda de una negociación para acordar un acceso soberano al Pacífico. Las relaciones bilaterales están en un estado de crisis absoluta, sobre todo por la detención de dos militares y siete aduaneros bolivianos a cargo de gendarmes chilenos y por las graves acusaciones que se han hecho los gobiernos de ambos países. Mientras Evo Morales y las autoridades nacionales hablan de secuestro de nueve compatriotas para proteger el contrabando originado en Chile, Michele Bachelet justifica las detenciones a partir de una llamativa acusación de intento de robo. En vez de aclarar el hecho, las versiones confunden y, entre tanto, la tensión crece peligrosamente. Como precedente se tiene una anterior detención de soldados bolivianos que terminaron liberados y condecorados. Este incidente parece peor y de consecuencias imprevisibles, ya que la desconfianza de los dos gobiernos está cada hora que pasa en aumento. Transitamos al límite de una confrontación sin parangones entre La Moneda y el Gobierno boliviano, que nos tiene muy preocupados a muchos. El mínimo error y una palabra mal dicha pueden encender más los ánimos y colocarnos en una situación extrema y de un costo inimaginable. 

_La diplomacia y la justicia deberían ser los caminos para que Bolivia y Chile diriman sus históricas diferencias. El Gobierno nacional desarrolla una campaña persistente en todos los campos, lo que provocó hasta ahora acciones reactivas de La Moneda. Ayer mismo el canciller chileno llegó al Silala, justo en medio del creciente incendio por las detenciones. Otra riesgosa imprudencia, entre tanto fuego. 

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