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5 de septiembre de 2017, 4:00 AM
5 de septiembre de 2017, 4:00 AM

Un estudio ambiental sobre el Tipnis, realizado en 2011 a pedido del Gobierno, deja conclusiones lapidarias para los pueblos indígenas que viven en la zona. Entre otras cosas, señala que el modelo de desarrollo de los colonizadores -campesinos que ahora habitan Chapare, Beni y otras regiones del país- absorberá a los pueblos originarios y terminará desplazándolos aún más de sus tierras, en caso de que se construya la carretera que cruza el Tipnis para unir Villa Tunari y San Ignacio de Moxos. De manera coincidente, el presidente Evo Morales reconoció que hay productores de coca que ya entraron a la región protegida y otros que insisten con hacerlo. Frente a este panorama documentado, es preciso reorientar las políticas gubernamentales y proteger a los habitantes nativos de esas tierras bajas, así como a ese espacio ecológico, cuya intangibilidad es vital para varias regiones del país.

Marihuana y cocaína son las drogas a las que los narcos bolivianos y otros que operan en el país se dedican. En ambos casos, aparte de ser un país productor, somos un país de tránsito. La grave situación, admitida por las autoridades, marca un preocupante panorama porque implica la presencia de peligrosos delincuentes que son parte del crimen organizado. A ello se suma el hallazgo de armas que pueden estar siendo comercializadas por mafias internacionales. Urge que haya mayor control del Estado en las fronteras, de manera que pronto haya resultados medibles, pero también importa que cada ciudadano tenga una conducta de tolerancia cero al narcotráfico y a todo lo que tiene que ver con él.

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