La segunda vuelta en Santa Cruz, La Paz, Cochabamba, Tarija y Chuquisaca entra en su recta final con una calma que no refleja estabilidad, sino agotamiento. Los debates ya quedaron atrás. Hubo propuestas, sí, pero en segundo plano. En Tarija, la ciudadanía no pudo ver la confrontación de propuestas e ideas por decisión de la candidata María Renée Soruco.
El Tribunal Supremo Electoral ha logrado sostener el proceso con orden técnico. Más de 15.000 maletas electorales distribuidas, doble control de calidad, cadena de custodia reforzada y coordinación con Fuerzas Armadas y Policía. En Santa Cruz, el mayor bastión electoral, el despliegue es aún más exigente.
La campaña migró casi por completo a las redes sociales, donde la desinformación y la guerra sucia desplazaron al debate público. Los candidatos dejaron de competir por propuestas y se limitaron a sobrevivir al ataque. El resultado es un votante menos convencido y cada vez más escéptico.
Lo que viene después es el verdadero desafío. El TSE deberá entregar resultados más rápidos que en la primera vuelta y garantizar transparencia en un clima de alta susceptibilidad política. Pero, más allá de los tiempos y la técnica, el reto es reconstruir confianza. Porque estas elecciones no solo definirán gobernadores. Están mostrando una democracia que cumple el procedimiento, pero pierde sentido. Y cuando votar se vuelve un acto sin expectativa, la política deja de representar.
(*) El autor es editor