En medio de un ambiente social sazonado por la cuenta regresiva hacia la segunda vuelta para elegir gobernadores, un accidente aéreo con la pérdida de dos vidas del mundo aeronáutico, la polémica por la propiedad de los terrenos del mercado Mutualista, y los paros de salud que esta semana mantienen sin atención en consulta externa a cuatro de los cinco días laborables, surgió una noticia inesperada: hay una emergencia de salud pública nacional, ante la muerte de un joven de 20 años en la provincia Cordillera y el contagio de dos personas más con fiebre amarilla.
¿Por qué tanta alarma? Porque hace años que Bolivia no tenía un brote epidémico de esta enfermedad que es alta en cuanto a letalidad, pues de cada 10 enfermos, 6 o 7 llegan a perder la vida. Según el Ministerio de Salud, entre 1980 y 2006 se registraron 992 casos de la enfermedad, lo que llevó a desarrollar varias campañas de vacunación con la aplicación de más de 10 millones de dosis.
Las cifras mejoraron y en el periodo 2020 a 2023 solo se notificaron 12 casos de fiebre amarilla y 5 muertes. Pero las coberturas de vacunación también experimentaron un marcado descenso pasando del 86% en 2018 a 66,9% en 2023, este último dato es de la Organización Panamericana de la Salud.
Ante todo esto, sí, es importante tomarse en serio esta enfermedad y no darle juego de cintura, más cuando venimos de una sindemia de influenza y chikunguña que no permiten una lucha bien dada con un sistema de salud debilitado y con paros cada semana.
(*) La autora es editora