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Cara a Cara

Martes, 28 de abril de 2026 a las 04:00

 ¡Pobre país! Esta expresión, que suelo escuchar a menudo de un colega periodista, resume lo que siento que está pasando con Bolivia. Desde enero hasta marzo, 176 eventos de conflictividad se han registrado en todo el país, lo que significa que, a diario, 1,9 conflictos se han reportado, de acuerdo con el monitoreo realizado por la Defensoría del Pueblo. 

 El bloqueo de vías, especialmente de carreteras, es la medida que más utiliza la gente para expresar su reclamo y exigir atención de las autoridades. Aunque el bloqueo de carreteras no es una práctica nueva y que en Bolivia existe libertad de protesta, considero que no solo se está haciendo mal uso de este método de presión, sino que el bloqueo se está convirtiendo en parte de la cultura boliviana, porque ahora se bloquea por todo y por nada, sin tomar en cuenta los perjuicios que esta medida extrema ocasiona. Anteriormente, hubo intento para normar y poner freno a los constantes bloqueos de rutas; sin embargo, estas no prosperaron ante las presiones de organizaciones -que parecen haber convertido a los bloqueos en su modo de vida- y los cálculos políticos. 

 El informe de la Defensoría también lanza un dato grave y que debe llamar a la reflexión. El padrón histórico de conflictividad está cambiando. Antes se registraba un promedio de 30 conflictos por mes, pero hoy estamos casi duplicando ese número a 58 conflictos. Con la falta de diálogo, la cultura del bloqueo y una serie de problemas que arrastra el país, lo único que estamos logrando es hundir aún más a esta hermosa tierra. ¡Pobre país!

(*) Beatriz Ávalos es editora

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