Mañana se celebra el Día del Periodista Boliviano. La festividad se remonta a 1938 cuando Germán Busch dispuso la fecha como una forma de reivindicar los derechos laborales de los periodistas. Años antes, en 1925, se promulgó la Ley de Imprenta para regular el trabajo de los informadores. Eran otros tiempos, obviamente. Eran tiempos donde al periodista se le respetaba por su trabajo. ¿Qué ha pasado en estos últimos años para que el periodista sea cuestionado, relegado o denostado?
Las redes sociales han golpeado a los medios tradiciones de múltiples maneras. A los periodistas nos ha costado comprender que, desde las redes, se imponen nuevas narrativas y nuevos actores. Ahora, desde las páginas de Facebook o desde las transmisiones de Tik Tok surgen nuevos creadores de contenido que, en alguna medida, suplantan a los periodistas. Incluso, lo vimos en las recientes campañas, los políticos buscaron el amparo de los nuevos podcasts para mostrar su faceta más amable.
Los periodistas cometemos errores. Es cierto. Esas faltas al deber profesional han debilitado la relación con las audiencias. Aun así, la mayoría de los ‘periodistas de escuela’, esos que han tenido en las redacciones periodísticas un complemento a su formación universitaria o a su validación de calle, entienden la profesión como un compromiso con la verdad y con la sociedad. Sienten la esencia del periodismo desde una perspectiva distinta, apartada de los apasionamientos militantes cada vez más frecuentes y cercana a la realidad que viven miles de bolivianos.
“El éxito de un periodista no está en ser leído, sino en ser creído”, revindicó Manuel Vicent en la ceremonia de los premios Ortega y Gasset que coinciden con los 50 años del diario El País, en España. “La credibilidad es su único patrimonio, y su prestigio viene de ponerse al servicio del derecho del ciudadano a estar bien informado”, remarca en su discurso. Y, al final del día, esa es quizá la mayor satisfacción que me queda como periodista. Saber que unos y otros, más allá de su forma de pensar, creen y confían en mi trabajo porque en él están los sinceros esfuerzos de ofrecer una buena información. Felicidades a mis queridos colegas; gracias a mis respetados lectores.