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Cara a cara

Miércoles, 24 de junio de 2026 a las 05:00

 Los bolivianos parecemos haber descubierto una fórmula revolucionaria para alcanzar el desarrollo. Como la de trabajar menos y celebrar más. Si alguien revisa el calendario nacional sin conocer la realidad económica del país, podría concluir que somos una potencia industrial que puede darse el lujo de detener máquinas, oficinas, comercios y servicios cada pocas semanas. La realidad, sin embargo, tiene bastante menos humor.

 En los últimos años, los feriados se han multiplicado con creatividad admirable. Ya no basta con las fechas históricas tradicionales; cualquier efeméride, aniversario, conmemoración o acontecimiento termina convertido en jornada de descanso obligatorio. A este paso, pronto habrá que trabajar los fines de semana para compensar los feriados de los días hábiles.

 Lo curioso es que esta generosidad con el ocio coincide con una economía que lleva largo tiempo mostrando señales preocupantes. Reservas internacionales disminuidas, déficit fiscal persistente, escasez de dólares y un aparato productivo poco competitivo no parecen precisamente el escenario ideal para seguir reduciendo horas de trabajo. Pero aquí seguimos, celebrando mientras las cifras nos recuerdan que la fiesta no la está pagando nadie más.

 Por supuesto, el descanso es importante. Nadie propone regresar a la era de la máquina a vapor ni convertir la productividad en una religión. Sin embargo, existe una diferencia entre valorar el tiempo libre y convertirlo en política de Estado. Tal vez ha llegado el momento de asumir una verdad poco simpática pero inevitable: de los números rojos no se sale descansando más, sino generando más riqueza. Porque, por muy patriótico que sea un feriado, ninguna economía se recupera cerrando la persiana.

(*) Pedro Rivero Jordán es presidente del Consejo Editorial

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