La magia existe y está lejos de los enredos de la política. Yo viví magia el pasado fin de semana en el festival ConservArte, que se realizó en Santiago de Chiquitos, bajo el impulso del Cepad. La experiencia es indescriptible. Había arte: desde teatro, música, cine, escultura, pintura y más. Pero también había reflexión: guardaparques y bomberos forestales estaban firmes contando sus experiencias y retos frente a los incendios forestales. Quienes asistíamos de observadores podíamos hilar ambos: comprender con la razón y sentir con el corazón; en otras palabras, ha sido un llamado al compromiso desde el conocimiento y desde lo sensible.
Santiago de Chiquitos es un lugar hermoso que tiene múltiples tesoros. Muy cerca está el mirador del valle de Tucabaca, que es el bosque seco mejor conservador del mundo, a pesar de que ahora soporta amenazas de avasallamiento. En la iglesia del pueblo está uno de los tres órganos de viento que hay en Santa Cruz y aún conserva el campanario que tiene siglos de vida. Las comunidades originarias conservan saberes ancestrales de medicina tradicional y tienen una variada oferta de remedios para todos los males que, por cierto, son muy efectivos. Todo eso sin contar pinturas rupestres, cascadas y otros paseos inigualables. Fue en ese contexto que este sitio se llenó de artistas, de activistas y de múltiples causas y anhelos. Se respiraba compromiso, pasión y creatividad. ¿Qué más se puede pedir? Por supuesto que quienes allí estuvimos volvimos con una nueva energía. Lo malo es que en el retorno nos encontramos con dos quemas, porque la conciencia por el medioambiente hay que sembrarla. Mientras tanto prevalecen la ignorancia y el egoísmo.