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2 de marzo de 2019, 4:00 AM
2 de marzo de 2019, 4:00 AM

Lamentables declaraciones las del exembajador y exrector de diferentes casas de estudios superiores, Jerjes Justiniano, nada más y nada menos que el día en que fue declarado Hijo Ilustre. Quién diría que un hombre de tantas luces y sentido crítico termine haciendo afirmaciones que generaron una lluvia de cuestionamientos. “¿Saben por qué Percy no es censurado cuando se le va la mano y le tira por ahí una escapadita o le tira una besada a alguien? (...) Porque nos identificamos con Percy... Todos quisiéramos hacer eso que hace Percy”, dijo ante el asombro de muchos. Y es que sus palabras no hacen más que reforzar el estigma del hombre machista, en un momento en que como nunca antes la sociedad hace los esfuerzos y clama por derrumbar esas barreras y lastres del pasado y del presente que impiden un desarrollo más justo, equitativo y humano.

Si hablamos solo de acoso y violencia política, las cifras muestran una situación alarmante. Entre 2017 y 2018 se registró un promedio de 200 denuncias en la Cámara de Diputados. Ni qué decir si nos referimos a la violencia extrema contra la mujer. Hace seis años, hubo 26 feminicidios, pero el año pasado la cifra ascendió a 128. Es una realidad sobre la cual todos y cada uno quienes vivimos en esta sociedad tenemos nuestra cuota de responsabilidad para frenarla. Y declaraciones como las de Justiniano no ayudan. Como diría el filósofo griego Aristóteles: Uno es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio. Aprendamos de los sabios.

¡Y llegó el Carnaval! Que sea un tiempo de descanso, de diversión y de desahogo, pero no de descontrol. Que no nos arrepintamos de lo que hagamos, ni que el jolgorio termine en luto y que esta fiesta nos inyecte más energía en el alma para seguir adelante el resto del año, hasta el próximo Carnaval.

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