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Carajitos

Juan José Toro M 14/5/2020 03:00

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Originalmente, “carajo” no era una mala palabra. En tierra firme era el hierro para marcar el ganado y en altamar se utilizaba la palabra para designar al puesto del vigía, en lo alto del mástil mayor. Se dice —pero no está documentado— que, como la responsabilidad era la indeseable del barco, enviar a un marinero al carajo; es decir, a vigilar allí arriba, era un castigo.

Pero está el detalle del pueblo de los carajos, en el actual Brasil, que fue utilizado para que algunos aseguren que la palabra se originó en nuestro continente.

Lo cierto es que “carajo” aparece en papeles del siglo X con el carácter más o menos ofensivo que tiene actualmente. Puede que por razones filológicas o etimológicas, o ambas, pasa a ser otra palabra para designar al pene. Sí, al pene, ese al que los tiernos cultores del eufemismo llaman “miembro viril”.     

A partir de ahí, se convierte no solo en un “término malsonante” sino un insulto. Decir “vete al carajo” o mandar a alguien al carajo adquiere una connotación incluso sexual que está muy lejos de enviar a vigilar a alguien.

Pero el uso del “carajo” se diversifica y hasta adapta a situaciones varias. Si es que realmente Eduardo Abaroa utilizó la palabra, antes de ser acribillado en el puente del Topáter, seguramente no fue para referirse al pene sino una actitud de rechazo, de dignidad.

Y así como mandar al carajo es ofensivo, decirle “carajo” a alguien va por ese lado. Pero “carajear” está lejos de la entrepierna masculina y significa amonestar, llamar la atención de manera firme y clara. Entonces, un “carajazo” bien puesto puede tener la virtud de poner las cosas en orden.

Pero también está el “carajo” como término para designar a una persona desvalorizada y, por tanto, puede servir en el caso de ciertos especímenes de nuestra fauna como, por ejemplo, los políticos partidarios, esos que han jodido nuestra patria al extremo de que ahora no somos capaces ni siquiera de enfrentar solventemente a una pandemia.

Un político es un carajo, una persona desvalorizada, y un carajito es todavía menos que eso. No sé en qué rango estará el gobernador de La Paz, Félix Patzi, porque no lo conozco, pero que se haya quejado de John Arandia diciendo que le dio un “carajaso”, con “s”, me tienta a ubicarlo entre los segundos.

A Edgar Ramos, que convocó a su gente a hacerle “ciberbullyng” a John, lo conozco por sus escritos sobre la prensa. Antes de que Evo Morales llegue al poder, hizo pedazos a los medios, atribuyéndoles relaciones que no tenían, sobre la base de supuestos. Después apareció entre los masistas y ahora es empleado de Patzi.

De él no tengo dudas: es un carajito.

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