Opinión

Carnaval, desastres y tensiones

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10 de febrero de 2018, 4:00 AM
10 de febrero de 2018, 4:00 AM

El Carnaval 2018 llega cuando Bolivia no está para festejos por los daños causados por riadas e inundaciones en varias regiones del país y por la creciente efervescencia político-social ante la proximidad del 21-F, que evoca el rechazo ciudadano mayoritario a la repostulación presidencial, expresado a través del voto, que pretende ser desconocido por el régimen gubernamental al amparo de sesgadas interpretaciones y decisiones en el ámbito constitucional. 


Con la misma inquietud, el arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti, pidió en su última homilía no olvidar los problemas que aquejan a la comunidad boliviana ni los riesgos que le acechan. Pero no es la primera vez –es muy probable que tampoco sea la última– que, no obstante emergencias y tensiones como las antes citadas, los bolivianos se entreguen al jolgorio desentendiéndose, aunque sea por algunos días, de sus penurias y tribulaciones. 


En Santa Cruz, como es tradicional, las fiestas del dios Momo comenzaron con anticipación, aunque este año no estuvo ausente el debate sobre si los cruceños debían carnavalear por la difícil y compleja coyuntura que se registra. En señal de protesta, algunos grupos decidieron no hacerlo, pero una mayoría encontró en las actividades previas un espacio ideal para manifestar su descontento. Entonces, el Carnaval va adelante y después del corso en el cambódromo esta tarde-noche e incluso hasta la madrugada del domingo, seguirán en las calles cruceñas tres días de fiesta y mojazón. 


Una vez más, para evitar deplorables excesos, el municipio ha restringido el acceso de los comparseros a la plaza 24 de Septiembre y también se ha previsto la protección de los edificios patrimoniales para evitar que sean pintarrajeados por inadaptados que se dan modos para ultrajar a la ciudad que son incapaces de respetar. 


Es de esperar que la Policía y la Gendarmería eviten esos actos vandálicos que nada tienen que ver con la esencia de la fiesta grande de los cruceños y garanticen también las condiciones de seguridad necesarias a los impenitentes carnavaleros.


Ojalá que este Carnaval transcurra bajo un clima de tranquilidad, como expresión de alegría y de sana diversión. Sin hechos de violencia que lo empañaron en años anteriores y que son de triste evocación. Nos ratificamos en el convencimiento de que de la conducta colectiva de los carnavaleros, se podrá deducir si la fiesta grande ha sido grande de verdad en lo bueno y no grande en lo malo. Y es que la diversión propia de las carnestolendas no está reñida con el orden y con el respeto que deben imponerse. Es de esperar que así sea.

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