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Carnaval y Pachamama

Juan José Toro M 20/2/2020 03:00

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El Carnaval, que está en pleno desarrollo desde el fin de semana, ingresa hoy a su etapa intensa con la celebración del “Jueves de Comadres”, una tradición que, como se explica en las ciudades donde más se celebra, como Tarija y Potosí, es el resultado de la práctica de la reciprocidad.

Hace una semana, las mujeres agasajaron a los varones, sus “compadres”, y hoy esperan recibir mayores atenciones a cambio.

Y la verdad es que, cuando uno se pone a pensar en ello, encontrará que muchos de los elementos del Carnaval, incluido su origen, son simples.

No se trata de caer en el simplismo de decir que Carnaval viene de carne y, por tanto, es la fiesta de la carne, sino de encontrar sus orígenes en prácticas tan habituales como la cosecha.

El vicepresidente de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí, Marco Antonio Flores Peca, plantea que el Carnaval forma parte del ciclo agrícola que no solo está vinculado a la siembra y la cosecha sino, sorprendentemente, también con la muerte.

Comienza en noviembre, coincidiendo no solo con la siembra sino con las celebraciones a los muertos, actualmente traducidas en las conmemoraciones de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Los muertos son enterrados, pero no como el final de un ciclo sino el inicio de otro. Los pueblos andinos creían que, al ser depositados en la tierra, y deshacerse con el tiempo, los cuerpos se subsumían en el subsuelo y renacían en tiempo de cosecha, junto a las plantas y los alimentos, y es por eso que la gente se alegraba porque, junto a la naturaleza que se recrea con los brotes, sus seres queridos volvían a la vida.

Con esa creencia, los pueblos andinos no celebran a la carne en los carnavales sino a la vida recreada y cosechada. Se agradece, entonces, a la tierra por ser el elemento que permite la transformación y el retorno de los seres queridos… y se challa. Se le brinda ofrendas en retribución.

Entonces, más que una fiesta de desenfreno y catarsis, el Carnaval es una celebración a la vida y a la naturaleza, a la madre tierra, a la Pachamama.

Y parte de esa celebración es el reencuentro con otros seres, los de las profundidades, los que moran en el ukhupacha, el mundo de abajo. Allá están, también, los engendradores de los minerales, aquellas deidades a las que los pueblos andinos veneraban desde tiempos inmemoriales y que, tras la llegada de los españoles, recibieron el nombre simplista de “Tío”.

El “Tío” fue venerado hace una semana en las minas, en el “Jueves de Compadres”, y, así, también forma parte del Carnaval de las zonas mineras, especialmente de la sierra de plata.