Opinión

Catástrofes naturales

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10 de septiembre de 2017, 4:30 AM
10 de septiembre de 2017, 4:30 AM

Países del Caribe, México y Estados Unidos sufren a estas horas por los embates de grandes fenómenos climáticos y telúricos que han causado dolor y muerte para cientos de personas en las últimas semanas.

El huracán Harvey asoló los estados de Texas y Luisiana entre el 17 de agosto y el 2 de septiembre, lo que causó la muerte de más de 50 personas, cientos de heridos y miles de desplazados por las inundaciones. Ciudades y pueblos enteros quedaron a merced de las aguas, mientras el mundo observó azorado por las tormentas y los vientos de más de 290 kilómetros por hora que destrozaron todo lo que encontraron a su paso.

Luego llegó el ciclón Irma, que ya causó un desastre en las islas del Caribe y, ahora, golpea a República Dominicana, Cuba y Florida, donde se han puesto en marcha operativos de emergencia para socorrer a las víctimas. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo sobre el impacto que tendría el cambio climático en la violencia y la magnitud que están registrando estos ciclones, está claro que estos huracanes están batiendo récords históricos con graves consecuencias para millones de personas.

Pero frente a todo este cuadro de desastre natural, el sur de México sufrió en las últimas horas un feroz terremoto de 8,2 grados en la escala de Richter, afectando principalmente los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco.

Más de 40 muertos es el saldo preliminar de este fenómeno telúrico, diferente en sus causas respecto de los ciclones tropicales, pero igualmente destructivo y devastador para cientos de miles de personas.

Las reacciones y capacidades de los Estados frente a estos desastres naturales han sido dispares. Si bien ante estos fenómenos climáticos es muy difícil evitar sus graves consecuencias, está claro que los Estados tienen diferentes capacidades para encarar estos desastres. Estados Unidos, en su calidad de potencia económica y militar mundial, enfrentó las inundaciones del Harvey con un gran despliegue de recursos. Pero, en la contracara, República Dominicana y otras islas del Caribe tuvieron prácticamente que padecerlas sin mayor reacción por su falta de recursos. México puso en marcha un inmenso operativo para socorrer a las víctimas del terremoto en Chiapas, pero igualmente muestra debilidades importantes para semejantes desastres.

Aunque Bolivia está lejos de estos ciclones tropicales y no forma parte del ‘cinturón de fuego’ de los terremotos, el Estado en su conjunto debe adoptar las medidas necesarias para prever las consecuencias de grandes desastres. Comenzando por las labores educativas para que la población sepa cómo actuar frente a estos fenómenos climáticos. 

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