27 de junio de 2022, 4:00 AM
27 de junio de 2022, 4:00 AM


Se nota de lejos, se lo advierte a simple vista. O es alguien poco versátil para conducir o está usando celular. El peligro es inminente. El vehículo hace zigzag o pierde su rumbo rectilíneo, invadiendo carril o colisionando con algún otro objeto. Es frecuente encontrarse con algún vehículo que reduce la velocidad a 5 km por hora, que es tan peligroso como conducir a 100 km por hora. Pero no importa, si todos lo hacen… y así el caos y el peligro de accidentes es colectivo, total e incesante. La cantidad de accidentes de personas que hablan por teléfono celular mientras conducen crece en todo el mundo.

Es que los riesgos de usar este aparato mientras se conduce un automóvil, micro, motocicleta o camión, son múltiples. Según estudios de larga data y de expertos en varios continentes, conducir usando un celular puede resultar igual o peor que hacerlo bajo efectos del alcohol. Y no es ser “mucho tipo” conducir mientras se habla o chatea, sino que es “mucho inconsciente” de lo que puede ocurrir no solo al imprudente sino al otro, a quien cruza la calle o quien conduce al lado, atrás o adelante.

Quienes se sienten diestros en el asunto no se imaginan cómo perjudican, cómo se ven desde afuera y cómo corren riesgos de accidentes propios y ajenos.

Para decirlo de otra manera, no calculan el peligro que representan. Tienen que entender o al menos enterarse que el uso del celular quita capacidades básicas a la conducción. Se tienen mayores distracciones visuales, auditivas, cognitivas y físicas, lo que genera una pérdida de recursos mínimos para la adecuada conducción.

Santa Cruz de la Sierra debe figurar entre las principales capitales sudamericanas de peor conducción vehicular. La agresividad y la falta de empatía que ruedan en las calles hace muy difícil conducir en la capital oriental. No hay respeto a las normas ni a las señales verticales ni horizontales. Los semáforos parecen de adorno y las cebras peatonales no son sitios de alerta, así como las líneas casi siempre despintadas de las avenidas donde cruzarse por izquierda o derecha no merece un mínimo cuidado y hasta “es lo mismo”.

Si a esto le sumamos el uso del celular mientras se conduce, la bomba de tiempo nos explota en las manos.

De acuerdo a estudios “tras minuto y medio de hablar por teléfono mientras (incluso manos libres) el conductor no percibe el 40% de las señales, su velocidad media baja un 12%, tarda más en reaccionar y el ritmo cardiaco se acelera bruscamente durante la llamada. Pero en este fluir del sálvese quien pueda, nadie está exento de accidentes ni de encontrarse en medio de un semáforo atascado por motivos de este tipo de distracciones.

Es común observar que tanto choferes de transporte público como de vehículos particulares aprovechan esos segundos valiosos de la luz roja para chatear, enviar mensajes o simplemente llamar para dar el último recado. Nadie se salva de quienes se estacionan en cualquier sitio para responder o llamar aunque el sitio sea inadecuado y hasta prohibido.

Las normativas no existen, así como tampoco quien regule esta costumbre tan arraigada que ya se ha hecho carne en la conducción de una urbe que sorprende con su desmedido caos vehicular.

Es hora de sostener campañas de concienciación para contagiar de respeto mutuo adoptando las simples costumbres del buen conducir. Un ejemplo fue el uso del cinturón de seguridad que educando se logró utilizar casi en forma masiva.

Hoy desconecte su celular antes de conducir, su seguridad y la de los demás están antes que una simple llamada.

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