Opinión

China usa su moneda en la guerra comercial

Tom Mitchell Tom Mitchell 8/8/2019 04:00

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Si el tipo de cambio del yuan hubiera caído a más de siete por dólar estadounidense a finales de 2016, habría sido una señal de que Beijing estaba perdiendo el control sobre su moneda cuidadosamente administrada y posiblemente también sobre la segunda mayor economía del mundo. Pero cuando se cruzó esa línea finalmente el lunes por la mañana, después de acercarse a ella durante casi tres años, Beijing estaba tranquilo.

No fue una coincidencia que la medida se produjera apenas pocos días después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazara con imponer aranceles punitivos a todas las importaciones chinas el próximo mes. Al permitir que el yuan caiga a más de siete por dólar, el Gobierno chino está apostando, cuidadosa y calculadamente, que puede utilizar la moneda para mitigar los peores efectos de su guerra comercial con EEUU sin provocar una fuga de capitales.

La principal diferencia entre finales de 2016 y ahora es que hace tres años Beijing tenía dificultades para fomentar la confianza nacional e internacional en el yuan, después de una prolongada turbulencia en el mercado y la moneda.

Pero a pesar de lo profundo de dicha turbulencia, los estrictos controles de capital impuestos a finales de 2016 funcionaron, frenaron la fuga de capitales y mantuvieron las reservas de divisas del país por encima de los tres billones de dólares. El banco central chino también cobró confianza en su capacidad, al trabajar en estrecha colaboración con las instituciones financieras estatales, para encauzar el valor del yuan en su mercado exterior más importante -Hong Kong- así como en su territorio continental.

El enfrentamiento comercial entre Trump y su homólogo chino, Xi Jinping, ha puesto de manifiesto la capacidad de Beijing para administrar la moneda.

Después de que el presidente estadounidense demostró por primera vez su determinación por instigar -y escalar- una guerra comercial sin precedentes con el principal rival geopolítico de EEUU a mediados de 2018, el yuan disminuyó lenta pero constantemente de alrededor de 6,4 ante el dólar a un nivel mínimo de 6,97 ese año.

Esto alivió parte de los efectos de las tarifas iniciales de Trump. Pero Beijing también tuvo cuidado de no dejar que la moneda cayera a más de siete por temor a dañar las posibilidades de un acuerdo comercial con EEUU.

Ese patrón también se ha mantenido este año. En momentos en que ambos países parecían estar acercándose a un acuerdo, Beijing encauzó el yuan hacia un tipo de cambio más fuerte frente al dólar. Sin embargo, cada vez que había recaídas -como la que ocurrió en mayo- se debilitaba y acercaba a una cifra alrededor de los siete por dólar. Las autoridades chinas creen que ahora pueden manejar movimientos igualmente modestos en el otro lado de esa línea roja que durante tanto tiempo decidieron no cruzar.

La secuencia de eventos que condujo a la medida tomada por China el lunes de permitir que el yuan cayera a más de siete por dólar dejó en claro que éste fue otro contraataque de Xi en respuesta a otra provocación de Trump. Hao Zhou, de Commerzbank, señaló que la medida fue “probablemente una acción política deliberada que muestra una línea dura en las negociaciones comerciales”.

Eswar Prasad, un experto en finanzas de China de la Universidad de Cornell, añadió que el yuan era un “arma útil” para Beijing: “China está claramente indicando que está dispuesta a desatar una gama completa de hostilidades económicas y comerciales abiertas y encubiertas contra EEUU. La depreciación controlada del yuan ayudaría a amortiguar los efectos de lo que ahora probablemente sea una guerra comercial extensa y prolongada”.

Por lo tanto, el hecho de que el yuan haya sobrepasado la cifra de siete por dólar es una señal de que Beijing ahora ve pocas esperanzas de llegar a un acuerdo comercial a corto plazo con EEUU. También es un recordatorio para el presidente estadounidense de que Xi tiene mucho más control sobre la economía de China, cada vez más dirigida por el Estado, que el que el Sr. Trump tiene sobre la economía estadounidense.

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