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EDITORIAL

Cinco días de paro y no se desata el nudo

Editorial El Deber 27/10/2019 03:00

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El paro cívico comienza el quinto día y no luce débil. Santa Cruz es donde se percibe mayor contundencia, pero otras regiones se van sumando de a poco a través de movilizaciones y vigilias, como las que hay en La Paz, Potosí, Sucre, Cochabamba, Trinidad o Tarija. En el plano político, el nudo sin salida no parece estarse aflojando. Ayer el presidente Evo Morales se pronunció en Twitter señalando que, si la auditoría a las elecciones demuestra que hubo fraude, se abre a la segunda vuelta electoral. No obstante, más tarde en Chapare, volvió a criticar a la oposición, dijo que gobernará cinco años más. Mientras tanto, los cocaleros realizaron un ampliado y amenazaron con bloquear e impedir que los alimentos lleguen a las ciudades.

Ayer fueron importantes las movilizaciones de bolivianos en 30 ciudades del extranjero, desde Sudamérica, Norteamérica Europa y Asia donde se ha realizado un cabildo simbólico repudiando manipulación y fraude, exigiendo segunda vuelta y asumiendo la voz del país para que la comunidad internacional se entere de la protesta que existe en Bolivia.

Salvo excepciones, la expresión de la ciudadanía ha sido pacífica y esa parece ser su fuerza. Si bien hubo enfrentamientos, estos no han sido la regla, sino la excepción. Por supuesto hay que lamentar la quema de edificios de los tribunales electorales en varias capitales del país, así como las escaramuzas entre seguidores de Evo Morales y activistas por la segunda vuelta. Lo importante es mantener la paz social, no hacer caso de provocaciones y que sean los mismos ciudadanos los que ejerzan el control social para que no ocurran excesos.

Lo que no se puede desconocer es que hay un sentimiento mayoritario de rechazo al proceso electoral; que hay denuncias de fraude que aún no tienen una explicación técnica de parte del Órgano Electoral. Tampoco se puede hacer oídos sordos a las observaciones de la OEA, de la Unión Europea que plantean segunda vuelta en Bolivia; de la Organización de Naciones Unidas que observan excesivo uso de la violencia de parte de la Policía y de países como Brasil, que anuncia que no reconocerá el resultado electoral hasta que se concluya una auditoría realizada por la OEA.

Cada día suman las denuncias de fraude, no solo de parte de sectores políticos, sino sobre todo de parte de profesionales en informática que hablan de actas adulteradas, de uso de cédulas con numeraciones no existentes en el país, de cambio de votos a favor de la candidatura del oficialismo. La misión de observadores de la OEA puntualizó que se rompió la cadena de custodia de las actas y que una suma de irregularidades minó la credibilidad en el TSE. La presidenta de este órgano dijo que analizará tales observaciones, aunque no se sabe cuándo tendrá un pronunciamiento ni cuándo comenzará la auditoría internacional a los resultados.

Son muchos factores que suman la molestia ciudadana. El pueblo le está hablando al presidente y no es recomendable que el primer mandatario siga restándole valor a las voces que le dicen que las cosas no van bien. La subestimación de la protesta (como decir que los jóvenes opositores “marchan por platita o por notita”) subestiman a quienes piensan diferente.

Esta inédita protesta en Bolivia ya lleva 7 días (los dos primeros con reacciones violentas contra los resultados que, gota a gota, iba dando el Tribunal Electoral), las últimas cinco jornadas exigen una respuesta a las dudas sobre fraude. Que no se equivoque el presidente y que la oposición sepa que la gente no está en las calles por una persona, sino por un sentimiento de rabia con el sistema electoral; todo esto debe tener una respuesta coherente y responsable.