Escucha esta nota aquí

El jueves 28 de octubre un grupo irregular armado y encapuchado de unas 80 personas al estilo de milicianos tomó tierras, emboscó, secuestró, interrogó, amenazó con quemar vivos a una comitiva de 17 personas, entre ellos un grupo de periodistas, en Guarayos. Han pasado cinco días, y el Gobierno de Luis Arce no ha detenido ni a una sola de esas personas que vulneraron la Constitución que no reconoce fuerzas irregulares y que cometieron varios delitos graves.

¿Por qué no los detienen, si el director departamental del INRA se reunió con uno de esos encapuchados, si la Policía Nacional desplegó 204 efectivos a la zona el sábado en un operativo que tenía más características de show para los medios con videos y fotografías que una acción para poner orden en el lugar?
En lugar de tomar acciones, los responsables de hacer cumplir las leyes en Bolivia se han dado a la tarea de minimizar los gravísimos hechos del jueves 28 en Las Londras, Guarayos. Es el caso del comandante de la Policía Nacional, Johnny Aguilera, quien calificó los hechos como un “altercado”.

Todos los diccionarios definen “altercado” como discusión o enfrentamiento violento entre dos personas o grupos. En Guarayos no hubo altercado porque en un lado había un grupo irregular armado y encapuchado, y en el otro había periodistas que llegaron al lugar a recoger información. Lo que hubo fue indiscutiblemente una emboscada y un secuestro. Que el comandante Aguilera no insulte la inteligencia del país para camuflar lo que allí ocurrió con el engañoso “altercado”.

Otro que sigue en esa línea es el director departamental del INRA, Adalberto Rojas, quien al día siguiente de la emboscada se reunió con algunos de los secuestradores armados, que fueron reconocidos por los periodistas. Rojas dijo primero que no conocía con quienes se reunió, pese a la alta confianza que se observa entre ellos en las imágenes. Después dijo que no estaba informado del secuestro porque no tenía señal telefónica ni internet.

Ingenuamente, el director del INRA pretende que se le crea un argumento pueril: hasta a la más recóndita selva las noticias llegan hoy en instantes. Es más, en su comitiva había un periodista, que estaba informado de todo, es el mismo que grabó a Rojas compartiendo amablemente junto a uno de los cabecillas de la emboscada, el mismo que negó que hubiera un secuestro, sino que “solo quisieron dar un susto” a la comitiva de periodistas, policías y trabajadores. Esa es la prueba irrefutable que el director del INRA no dice la verdad.

Rojas asegura que las tierras en disputa no son de quienes la reclaman, sino que se trata de una reserva forestal y por tanto ningún sector debiera ingresar allí. Dice eso, pero permite que los interculturales con quienes se reunió permanezcan en ellas. Si es tierra fiscal o forestal, ¿por qué no desalojó a los interculturales que la ocuparon en lugar de compartir comidas con ellos?

No es un secreto para nadie que tanto el comandante Johnny Aguilera como los directores del INRA están alineados con el partido gobernante, pero ante la evidencia de la presencia de un grupo irregular armado y las violaciones a la ley que cometieron el jueves 28, tendrían solo que cumplir con sus respectivas obligaciones y no proteger a un grupo delictivo que si no fuera aliado del Gobierno ya hubiera sido calificado de terrorista y sus miembros detenidos y probablemente aniquilados.

Tampoco se puede perder de vista la naturaleza del grupo armado de Guarayos. El 12 de enero de 2020, Evo Morales anunciaba desde su exilio de Buenos Aires que “si volviera (a Bolivia), hay que organizar como Venezuela, milicias armadas del pueblo”. ¿La de Guarayos es una de esas milicias? ¿Cuántas armas tiene? ¿Con qué recursos las compraron?

Comentarios