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El país ingresó a los cinco días finales previos a la elección de nuevos alcaldes y gobernadores y la atención a las candidaturas con mayor expectativa de triunfo está en estas horas en el centro del interés de los ciudadanos, en un proceso electoral que anuncia principalmente cambios y renovación, a estas alturas imparables, en las principales administraciones del país.

Más que nunca se puede calificar de histórica la elección del domingo venidero, porque si bien por definición todas lo son, la del 7 de marzo será diferente a las anteriores ya que marcará el fin de gestiones continuas de 15 años en departamentos y municipios de varias regiones del país, y el inicio de nuevos ciclos con nuevos actores políticos, de perfil más joven.

La elección llegará coincidentemente en días en que la incidencia de contagios y muertes por la pandemia del Covid-19 ha bajado levemente, lo que puede dar más confianza a la población a acudir a los establecimientos educativos de las mesas electorales cumpliendo las medidas de bioseguridad.

Las actuales autoridades de gobernaciones y alcaldías prácticamente han concluido sus gestiones y ya no se espera nada más de ellas, excepto que administren con responsabilidad y sin tomar grandes decisiones acerca de los recursos públicos en estos últimos días hasta que lleguen las nuevas autoridades que saldrán elegidas este domingo.

Según el calendario electoral, la posesión de nuevos alcaldes y gobernadores se producirá entre el 30 y 31 de marzo en caso de no haber repetición de votación ni segunda vuelta; será el 7 de abril en caso de haber repetición de votación sin segunda vuelta; o entre el 3 y 5 de mayo si hay segunda vuelta, con o sin repetición de votación,

En el actual proceso de proselitismo hubo de todo, y principalmente debates entre candidatos, a diferencia de lo que ocurre en la elección nacional, donde desde hace 20 años no se producen esos eventos de confrontación de ideas. Pero si bien se produjeron varios encuentros entre candidatos, es una lástima que hubieran desaprovechado esos valiosos tiempos en los que hubo más de show y de acusaciones sin sentido, en la mayoría de los casos irrelevantes, que de diálogo y comparación de planes de gobierno, que es lo que la población esperaba.

Aun así, toda nueva elección genera esperanza, y a pesar de que una cosa es el candidato y otra muy distinto esa misma persona cuando llega a ejercer el poder -cualquiera sea el elegido o la elegida- en los actuales tiempos la sociedad tiene mejores mecanismos a su alcance para controlar y fiscalizar a las autoridades, gracias a la presencia cada vez mayor de las redes sociales y las plataformas digitales de alta incidencia en la vida de las personas e instituciones.

Los postulantes que accedan al poder tendrán que trabajar desde el primer minuto, sin pérdida de tiempo, en cuidar la salud de la población en este tiempo en que la pandemia aún no ha pasado y en planificar una ordenada y oportuna vacunación; y casi en paralelo tendrán que idear propuestas para la generación de empleo y oportunidades económicas.

No hace falta pedirle a los ciudadanos que mediten concienzudamente su voto y elijan con responsabilidad: ellos lo saben mejor que nadie, porque son quienes llevan sobre sus espaldas la pesada carga de cuidar la salud y esquivar la muerte en este tiempo difícil; son quienes se esfuerzan cada día en preservar o buscar una fuente de empleo que le genere ingresos para sustentar la sobrevivencia de sus familias y la educación de los hijos; ellos son quienes más exigen transparencia en el uso de los recursos públicos, porque de eso depende que las ciudades y las regiones tengan la posibilidad de impulsar el crecimiento de todos.

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