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La ‘ciudad basurero’ y la salud pública

Domingo, 26 de abril de 2026 a las 03:55

La crisis sanitaria que hoy golpea a Santa Cruz de la Sierra no es un accidente ni un episodio aislado: es la consecuencia directa de una cadena de negligencias, improvisaciones y falta de responsabilidad institucional. La acumulación de toneladas de basura en calles, avenidas, mercados y espacios públicos constituye un atentado flagrante contra la salud colectiva y una evidencia dolorosa del colapso de la gestión municipal próxima a concluir.

Durante casi toda una semana, la paralización del servicio de aseo urbano ha dejado a la ciudad a merced de sus propios desechos. Lo que debería ser una operación básica y continua en cualquier urbe se ha convertido en un símbolo de abandono. La proliferación de moscas, mosquitos, roedores y otras alimañas no solo degrada el entorno urbano, sino que eleva exponencialmente el riesgo de enfermedades infecciosas, poniendo en peligro especialmente a niños, adultos mayores y sectores vulnerables. Cuando menos se mantiene el recojo de los residuos que generan los centros de salud, a fin de evitar riesgos sanitarios.

La mayor afectación del problema se registra en la zona oeste y en al menos seis de sus distritos donde las lluvias y las temperaturas elevadas que se siguen registrando en la capital cruceña, agudizan el problema porque los líquidos se derraman y los malos olores hacen irrespirable el ambiente.

El argumento oficial -la retención judicial de fondos por un proceso legal que data de 1994- no alcanza para justificar la magnitud del desastre. Ocho meses de deuda con la empresa encargada del recojo de basura revelan un problema estructural de gestión financiera y prioridades políticas distorsionadas. Cuando un gobierno municipal es incapaz de garantizar un servicio esencial como la limpieza urbana, queda en evidencia una falla profunda en su razón de ser que es la de proteger el bienestar de sus ciudadanos.

Más grave aún es el contexto en el que ocurre esta crisis. A pocos días de concluir una gestión fuertemente cuestionada a cargo de Jhonny Fernández, la ciudad parece atrapada en una inercia de desorden y descontrol. No hay capacidad de reacción, no hay liderazgo visible, no hay respuestas eficaces. La basura acumulada no solo contamina el ambiente porque también simboliza el deterioro institucional y la descomposición administrativa.

Este episodio debería marcar un punto de inflexión. No se trata únicamente de restablecer el servicio y retirar los residuos -una tarea urgente e impostergable-, sino de asumir responsabilidades, transparentar las cuentas y garantizar que nunca más se repita una situación semejante. La salud pública no puede depender de disputas legales, de una administración pública incapaz ni de la improvisación burocrática que, dicho sea de paso, derivan en unos recurrentes paros de los trabajadores del sector por la falta de pago de sus prestaciones.

Santa Cruz de la Sierra merece una gestión a la altura de su importancia económica y social. Lo ocurrido en estos días deja una lección clara: cuando la administración pública falla en lo esencial, las consecuencias no son abstractas, se sienten en el aire que se respira, en las calles que se transitan y en los riesgos que enfrenta cada ciudadano. Ignorar esta realidad sería, una vez más, condenar al abandono a la ciudad y a sus millones de habitantes.

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