Escucha esta nota aquí

A contrapelo de las críticas al valiente reconocimiento del histórico abandono de los espacios públicos de la ciudad, asemejándolos con verdaderos basureros, cabe reconocer los avances en la última década con la implementación de un centenar de parques cerrados, otorgándonos la posibilidad de demandar el mismo coraje frente a la delicada situación y a los desafíos que exigen el desarrollo de una metrópoli.

El área metropolitana de Santa Cruz alcanza a más de dos millones de habitantes, el 82% está en la capital cruceña en una mancha urbana de cerca de 44.000 ha (con una escuálida densidad de 45 habitantes por ha), donde el 2030 vivirán unos tres millones de almas y será no solo el motor del crecimiento económico del país, sino el centro moderno de interconexión interoceánica, pero por otra parte en el centro de la informalidad en vivienda, comercio, transporte y empleo, fruto de la inequidad. Mientras la pobreza está entre el 24 y el 41% en los 7 distritos de la periferia de la ciudad, afecta a menos del 10% de los hogares en los distritos de la parte central.

Esta delicada situación requiere un balance autocrítico y una estrategia con una visión futurista, pensar en soluciones a largo plazo, con un compromiso colectivo y un enfoque integral de desarrollo urbano sostenible que aborde las dimensiones ambiental, económica, social, fiscal y de gobernanza. Apostar por una ciudad sostenible es apostar por una ciudad compacta, integrada, funcional y económicamente, con su territorio circundante, competitiva para atraer inversiones y producir bienes y servicios, ordenada y eficiente, atractiva, saludable por el manejo adecuado de sus impactos ambientales y por su seguridad ante desastres, equitativa e inclusiva y gobernable por su administración eficaz, su gestión participativa y su seguridad ciudadana.

Las decisiones en materia de urbanismo deben proteger la identidad de la ciudad, su patrimonio cultural, la disposición tradicional de sus calles, la biodiversidad, procurando una ciudad con menos polución, con movilidad más eficiente, desarrollando el sentido de pertenencia y apropiación de los espacios públicos, con menor consumo energético y más integrada en su entorno territorial es, a la vez, una ciudad que recupera y potencia la vida de sus habitantes, mientras favorece el respeto de su entorno natural, así como la cohesión social, la educación para la paz y la integración cultural.

El reto está en pasar de la valiente crítica del pasado y la autocomplacencia de lo logrado al reconocimiento de la débil gobernanza traducida en escasas políticas municipales con un enfoque sostenible, eficiente, transparente y participativa, pasando de la crítica a la participación, a la colaboración, generando visiones colectivas.

Comentarios