Opinión

Ciudad indefensa ante pintadas vandálicas

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10 de septiembre de 2019, 4:00 AM
10 de septiembre de 2019, 4:00 AM

Septiembre, tradicionalmente un mes emblemático para el departamento de Santa Cruz por el recuerdo del inicio de las luchas libertarias, en 2019 no se presentó con el natural regocijo que siempre se comenzaba y lo caracterizaba.

Los incendios en la Chiquitania y las zonas aledañas -con la destructora devastación de flora, fauna y hábitat aún prosiguen su perverso curso, a pesar de la lucha denodada por detener el fuego y la generosa cooperación coadyuvante brindada por países amigos, que contrasta con los malos ciudadanos que siguen chaqueando en las zonas donde la emergencia está instalada.

La incertidumbre acerca del futuro de una extensa región departamental -otrora ubérrima, ahora con grandes extensiones convertidas en cenizas- en gran parte marcará el resto de la agenda de este mes y de los meses venideros. A todo esto, Santa Cruz de la Sierra, centro neurálgico del oriente boliviano, prosigue su marcha progresista, a pesar de las múltiples trabas que recibe, muchas de las cuales desde el centralismo.

En paralelo y al mismo tiempo, la urbe observa impotente cómo sus propios hijos y los que generosamente ha adoptado la destruyen permanentemente, mucho peor ahora, con una campaña electoral creciente.

En los últimos días han arreciado las pintadas, observándose que muchos espacios públicos -incluyendo acequias y canales- han sido groseramente teñidos de colores partidarios a lo largo de numerosos espacios de circulación. Esto debe parar, tiene que ser controlado.

Es difícil creer que la ciudad más poblada y pujante de Bolivia se encuentre en absoluta indefensión ante quienes la afean sin pudor alguno. Pero sucede, es real, lo vemos diariamente. Resulta difícil creer también que nadie observa o mira lo que pasa; pintar varias cuadras con la misma sigla -como lo hemos visto a lo largo de avenidas céntricas y periféricas- no es cuestión de minutos, no es cosa de escribir un grafiti velozmente y echarse a correr.

No, en este y otros casos parecidos se trata de “trabajos” que requieren mucho tiempo para ser terminados; sobre todo si consideramos que los violadores de la ciudad ocupan extensiones considerables.

Alguien tiene que haber visto a los perpetradores, algún guardia, tal vez hasta un policía, entre los pocos que tenemos acá. Sin embargo, parece que la indiferencia del “no te metas” impera; el que ve, no hace nada y además, nadie castiga aunque los culpables sean pillados flagrantemente. Obvio resultado: la ciudad está desamparada.

Hoy por hoy, la única forma en que esto podría intentar solucionarse sería mediante grupos especiales de los propios partidos políticos que sean obligados a limpiar lo que algunos de sus copartidarios han ensuciado.

Además, cabe aplicar también fuertes multas, pero fuertes de verdad, no meras sanciones simbólicas que por su nimiedad estimulan el mal proceder en lugar de disuadirlo.

Septiembre no ha comenzado bien, pero Dios mediante terminará mejor, tanto en el interior del departamento como en la capital. Hagamos un esfuerzo conjunto, pongamos nuestro grano de arena para tener limpia a la urbe que nos cobija. Hace falta que las autoridades hagan lo suyo, castigando a quien corresponda, y que los políticos pongan orden en sus campañas; pueden proclamar sus ideas en base a la creatividad, sin necesidad de dañar paredes, calles, acequias o canales.

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