14 de abril de 2022, 4:00 AM
14 de abril de 2022, 4:00 AM

El interés interdisciplinario por el constructo multifacético “Ciudadanía Digital” emergió en los recientes años, con rápida expansión, pues este innovador escenario implica una evolución de la noción convencional de “Ciudadanía”. Ésta última se entiende como el derecho a participar plenamente en el patrimonio social y vivir de forma civilizada, de acuerdo a estándares que prevalecen en la sociedad. A su vez se vincula con una membresía a entidades geopolíticas (por ejemplo Estados Nación) e implica dominios de naturaleza social, política y civil como: sentido de identidad, derechos, obligaciones, aceptación de valores, interés e intervención en asuntos públicos. Sin embargo, las tecnologías digitales, en particular internet y redes sociales, han empoderado a la gente para participar dentro de un rango más amplio de actividades sociales, que no se encuentran acotadas por fronteras geográficas.

Por medio de la Ciudadanía se inculca normas y valores políticos, culturales y religiosos, se desarrolla conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para entender y ejercer derechos y responsabilidades, participando en acciones cívicas y políticas. Para un mejor entendimiento, la Ciudadanía conlleva ser miembro de una comunidad en el contexto físico, virtual o mixto, donde se asumen derechos y obligaciones, siendo éstos, los límites dentro de los cuales se debe convivir.

Los principios básicos de Ciudadanía incluyen la adquisición y desarrollo de competencias blandas (soft skills) tales como: respeto, educación, responsabilidad, contribución positiva a la sociedad. En la actualidad, la Ciudadanía Digital es una “competencia contemporánea central”, necesaria para ejercer derechos y obligaciones en el mundo virtual. Evidentemente, la misma implica acceso y alfabetización digital.

La Ciudadanía Digital es importante porque se trata de una nueva forma de participación política, social y económica, donde el uso de internet y redes sociales conlleva impactos clave en la calidad de vida de la gente, como ser: mejora de ingresos y oportunidades económicas, incremento de compromiso cívico y participación política, además de profundización de desigualdades con respecto al aprovechamiento de la tecnología. Paralelamente, la crítica se encuentra abierta en relación a aspectos empoderadores/liberadores de la participación y la conectividad, junto con el control ejercido por Gobiernos y gigantes tecnológicos, a través de mecanismos de codificación y datificación.

Entonces, siendo que la Ciudadanía Digital se refiere al uso seguro, analítico y creativo de las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) para lograr objetivos relacionados con trabajo, empleabilidad, aprendizaje, ocio, inclusión y/o participación en la sociedad; el proceso de enseñanza-aprendizaje debe incluir en sus diseños, ajustes y rediseños curriculares, la formación y desarrollo planificado de esta competencia contemporánea en los ciudadanos, básica y necesaria en el Siglo XXI. En ese sentido, las instituciones educativas son responsables de asumir este desafío inmediato, que permita a los discentes engranar con la tecnología digital de forma crítica, proactiva y ética, utilizándola para participar activamente en la realidad moderna, comunicarse con otras personas, creando y consumiendo contenido digital útil y constructivo para su comunidad.

Así como tradicionalmente, los niños y jóvenes necesitan ayuda de padres y maestros para convertirse en buenos ciudadanos, los educandos de hoy (nativos digitales por excelencia), necesitan también orientación para aprender a aplicar los principios de ciudadanía en el mundo digital. Los estudiantes deben aprender y desarrollar la competencia de Ciudadanía Digital para ser exitosos en sus escuelas, vidas laborales y sociedades, actualmente configuradas en red.


*Robert Daniel Jijena Michel / Becario Fundación Carolina – Universidad de Valladolid, España.

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